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La infraestructura de la escuela pública y los candidatos a presidente de la República

Los precandidatos a presidente de la República por el partido ARENA han repetido en varias intervenciones en los medios de comunicación promesas para mejorar la calidad de la educación del país; sin embargo, poco o nada se habla de mejorar las condiciones de la desvencijada infraestructura de los centros educativos, como si las condiciones físicas de la escuela no fueran parte consustancial de la calidad de la educación.

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Ricardo Bracamonte / Máster en Evaluación y Política Educativa

Ricardo Bracamonte / Máster en Evaluación y Política Educativa

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El Ministerio de Educación ha manifestado que, de las más de 5 mil escuelas públicas, hay 3,300 en condiciones “menores a lo mínimo requerido”.

Si “lo mínimo requerido” quiere decir aulas en buenas condiciones, salas de cómputo, bibliotecas escolares, áreas para actividades artísticas y deportivas, cocina para preparar el refrigerio, sala de profesores, dirección, salón de usos múltiples, servicios sanitarios higiénicos; significaría que, para cada centro escolar se necesitan, al menos, unos 100 mil dólares, es decir, más de 300 millones de dólares para el total de escuelas con problemas. Todo esto, sin tomar en cuenta el gasto anual en mantenimiento de la infraestructura por el desgaste natural de su uso.

Si a esto se le agrega que el 47 % de las escuelas funciona en inmuebles que no son del MINED y que, por lo tanto, hay que negociar el terreno, antes de poder realizar mejoras a la infraestructura, la situación se vuelve más compleja.

Más intrincado aún, si para la aprobación de los fondos se tiene que negociar en la Asamblea Legislativa donde las lógicas del mundo político resultan frecuentemente encontradas con los intereses de la población. Por ejemplo, en 2015, el MINED solicitó 15 millones de dólares para construir Complejos Educativos Integrales, de parvularia hasta bachillerato, uno por departamento, más 25 millones para mantenimiento (5 mil por escuela); pero no hubo consenso.

A esto hay que agregar que una buena infraestructura escolar, por sí sola, no resuelve el problema. La calidad educativa va ligada a una eficiente dirección del centro escolar, a un número suficiente de docentes, y a la dotación de recursos pedagógicos indispensables para que las escuelas puedan hacer su trabajo.

Hace muy poco, fueron inauguradas dos aulas de un centro escolar rural. El funcionario resaltaba que “ahora los dos docentes de esta escuelita van a poder trabajar con los seis grados que tienen a su cargo”, situaciones como esta son comunes en la realidad educativa del país y, lo peor, se consideran normales.

Los ciudadanos que habitan alrededor de estos 3,300 centros educativos, señalados por las autoridades del MINED, y que oyen las quejas de sus hijos sobre los asquerosos servicios sanitarios que a diario utilizan o las pésimas condiciones de las aulas en las que se desarrolla la práctica educativa, verían con muy buenos ojos una propuesta bien formulada, producto de una investigación de las condiciones en que se encuentran estas escuelas y que desemboque en un detallado cronograma de los centros escolares que serán intervenidos; esto podría dar señales nuevas de las transformaciones que se verán realmente en el sistema educativo nacional e, incluso, podría inaugurar una novedosa y más creíble forma de presentar ante el público las promesas de parte de los políticos.

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