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La innovación debe actuar como un factor determinante en el proceso de transformación educativa que tanto se necesita

Y aquí tenemos que traer nuevamente a cuento tres tareas esenciales: formación educativa, dinamización productiva y efectividad competitiva.

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En el escenario del presente, y en cualquier latitud de que se trate, se hace visible y sensible una presión cada vez mayor para que se den cambios renovadores e innovadores en muchas áreas vitales de la vida nacional respectiva, a fin de que la actualidad deje de ser una reproducción mecánica de realidades pasadas y opere según lo que requieren estos tiempos: como un campo propicio para todo tipo de autorrealizaciones legítimas y como una plataforma para que despegue la creatividad en sus más diversas expresiones. En El Salvador estamos verdaderamente urgidos de abrirle todos los espacios posibles al desarrollo, y eso debe verse con vocación actualizadora al máximo.

Hay que partir del hecho irrefutable e insoslayable de que el cambio es lo que define la realidad actual, y no un cambio manipulado por intenciones políticas en busca de aprobación, de simpatía o de beneficios para grupos o sectores específicos, sino un efecto directo del fenómeno evolutivo tal como se está haciendo sentir en esta precisa coyuntura histórica. Ante el empuje de ese cambio, que surge de las entrañas del presente, lo único sensato es seguirle la pista con todos los insumos que requiera para asegurarse de que el movimiento de los hechos va acorde con las mejores expectativas del devenir.

En esa línea hay que ponerle especial empeño al desarrollo económico en forma, con miras al pleno bienestar social. Y aquí tenemos que traer nuevamente a cuento tres tareas esenciales: formación educativa, dinamización productiva y efectividad competitiva. En esos tres aspectos tenemos muchos desafíos pendientes, y la tardanza ya endémica en enfrentarlos a fondo limita enormemente nuestras posibilidades de salir adelante.

En lo que toca a la educación hay que innovar sin excusas de ninguna índole. En lo que corresponde a la productividad es insoslayable definir de entrada una apuesta productiva que nos abra la ruta hacia las metas deseadas. Y en lo concerniente a la competitividad lo que se impone es salir de veras al mundo, sin desfasados prejuicios ni complejos fuera de lugar.

La transformación educativa debe estar determinada por las condiciones propias del mundo actual. No se trata de implantar reformas definidas a dedo, como las que se dieron a partir de la instaurada a fines de los años 60 del pasado siglo. El reto hoy es de estricta conexión con lo que la realidad exige y con lo que ejercicio formativo demanda. La educación ahora es transversal, como prácticamente todo lo demás: la teoría, la práctica, los conocimientos establecidos y la sabiduría en formación interactúan constantemente para que el producto humano corresponda a las oportunidades del presente y a las opciones del futuro.

Para adecuarse a lo anterior es preciso ponerles especial cuidado a temas cruciales como la formación docente, que no ha podido despegar desde que fue desarticulada hace más de medio siglo. En todo este campo se necesitan renovaciones urgentes, porque de eso depende que todo el sistema pueda moverse de veras hacia sus objetivos fundamentales y actuales.

Tags:

  • desarrollo
  • cambio
  • educación
  • productividad
  • competitividad
  • formación docente

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