La inseguridad es el azote que más golpea a la población y debe ser enfrentada con efectividad suficiente y sostenible

El deber de las autoridades es desarrollar políticas concretas que vayan en la línea de poner los correctivos del caso en lo que a conductas antisociales y delictivas se refiere; el deber de los medios de comunicación es ejercer su tarea informativa de manera persistente y consistente.
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No cabe la menor duda de que la inseguridad derivada del accionar de los grupos delincuenciales mantiene a la población de todos los sectores y niveles en angustia constante, y en la medida que el tiempo pasa sin que se vean estrategias verdaderamente funcionales en la línea de controlar y erradicar tal estado de cosas la impaciencia ciudadana sube de tono, porque los hechos cotidianos se vuelven cada vez más insoportables. Esto no es cuestión de percepción o de imagen, sino de estricta realidad, frente a la cual todos tenemos que cumplir con el deber que nos corresponde. El deber de las autoridades es desarrollar políticas concretas que vayan en la línea de poner los correctivos del caso en lo que a conductas antisociales y delictivas se refiere; el deber de los medios de comunicación es ejercer su tarea informativa de manera persistente y consistente.

Como hemos venido manifestando de manera sistemática, a la luz de las complicadas realidades en que nos movemos como individuos y como sociedad, resulta vital en este momento que tanto la institucionalidad como las diferentes entidades y organizaciones sociales entren en una lógica de cooperación que haga factible encarar los desafíos nacionales más apremiantes del momento con todo lo que se necesite en común para visualizar salidas a la complejísima problemática que vivimos. Desde luego, la institucionalidad, encabezada por los que conducen la gestión pública, debe tomar la iniciativa de integrar voluntades y propósitos en esa línea, dejando a un lado las neuras ideológicas y los intereses coyunturales de orden sectorial o grupal. El nudo problemático está aquí, ahogándonos a todos, y enfrascarse en un dime que te diré de descalificaciones mutuas sería lo peor que podría pasar, cuando lo que se requiere es juicio sereno y determinación convincente.

¿Hasta cuándo tendremos que esperar para que los actores nacionales, y muy en especial los actores políticos, den el ejemplo de sensatez que las circunstancias exigen? El Gobierno tiene, en lo que a inseguridad se refiere y también en lo que a activación económica corresponde, la pelota en su cancha, y está totalmente fuera de lugar que se pretenda endilgarles la dificultad del juego a actores externos. En lo que toca a nosotros como medio de comunicación dedicado a servir al bien común sin ataduras de ninguna índole, en ningún sentido caeremos en ese mecanismo distractor: estamos en lo nuestro, haciendo nuestro trabajo de manera responsable, viendo la realidad del país tal como es y transmitiéndosela a la comunidad nacional e internacional de manera puntual y desprejuiciada.

Nos encontramos en un momento político que es propicio para entrar en dinamismos nuevos, de cara a integrar esfuerzos en pro de la buena marcha del país. Es el momento menos oportuno para generar crispaciones o divisiones por medio del viejo y trasnochado método de estar echando culpas para desviar la atención de la responsabilidad propia. Por el contrario, todas las condiciones presentes apuntan hacia el imperativo de potenciar la armonía, sabiendo que es una tarea difícil, pero al mismo tiempo indispensable.

Hay que escapar a las tentaciones de lo superficial para dedicarles toda la atención y toda la energía a las cuestiones de fondo, que vienen esperando desde hace mucho tratamientos inmediatos y soluciones sustentadas. En el caso de la inseguridad, hay que hacer que el imperio de la ley se imponga, sin ningún tipo de vacilación complaciente o evasiva. Empujemos todos hacia eso.

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