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La institucionalización partidaria es básica para el sistema

La democracia, que por naturaleza mantiene a todas las fuerzas en expectativa, requiere permanente planificación y desempeños responsables.
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Metódicamente hemos venido insistiendo en la necesidad de fortalecer de manera progresiva nuestro sistema político, con énfasis especial en las organizaciones partidarias, que son las que de modo directo participan en la competencia electoral. Dicha competencia es el motor de la representación en las distintas esferas del poder público, y, por consiguiente, asegurar una competencia sana y sin trastornos requiere que los actores partidarios funcionen bien y actúen adecuadamente. Como hemos visto con ejemplos dramáticos en el entorno latinoamericano, cuando el sistema de partidos flaquea o se pervierte, el autoritarismo levanta cabeza.

Nuestro proceso político viene desarrollándose a lo largo de la posguerra, y en 2009 tuvo una inflexión muy significativa y aleccionadora: la alternancia en el ejercicio del poder. Después de 20 años, ARENA dejó de tener la conducción superior, que en las urnas pasó al FMLN, pero que en la realidad ha quedado en una especie de balance inestable. En todo caso, el partido perdedor en 2009 entró en crisis, de la que parece estar queriendo salir por la vía de un proceso de más institucionalidad interna. Los cambios de esquema recién anunciados apuntan en esa línea, al menos formalmente, ya que en los hechos se verá cómo se van dando las cosas. El punto clave no es si alguien está en crisis interna o si alguien no lo está: el desafío de transformación institucionalizadora es de todos, porque es un desafío estructural, no coyuntural.

Lo cierto es que todos los partidos en juego necesitan renovaciones tanto en el ideario como en las estructuras de sustento y en los mecanismos de acción. Nuestro proceso democratizador está básicamente saludable, pero eso no se garantiza por inercia, sino que tiene que basarse en una voluntad modernizadora que vaya acorde con el desarrollo de las circunstancias. Esta campaña presidencial los pone a todos a prueba al respecto, y lo que salga de las urnas en 2014 de seguro implicará otras pruebas por venir, sea quien fuere el triunfador en los números electorales. Es importante quién llegue, pero más importante aún es cuál es el compromiso real del que llegue.

Los partidos políticos, sus liderazgos y sus candidatos deben tener muy en cuenta que las estrategias que la realidad ahora va demandando están muy por encima del activismo anticuado que ha sido prevaleciente. Los problemas se conocen y las insatisfacciones y reclamos ciudadanos también. De lo que se trata, en primer término, es de hacer proposiciones de fondo, que contengan soluciones suficientes y sostenibles, en vez de presentar canastas de promesas, como si la política fuera un mercado de menudeo. Será decisivo que dos factores empalmen para apostarle de veras al triunfo: la credibilidad y la efectividad.

Más temprano que tarde, lo que hoy está pasando en ARENA se hará imperioso también en los otros partidos, con las variantes naturales de cada caso concreto. Se tiene que superar un doble maleficio: el de las hegemonías artificiosas en las interioridades partidarias y el de la improvisación predominante en la gestión gubernamental. La democracia, que por naturaleza mantiene a todas las fuerzas en expectativa, requiere permanente planificación y desempeños responsables.

Estamos en momento de transformaciones exigidas por la misma dinámica de nuestro proceso. No es el “cambio” ocurrente, sino el dinamismo consecuente. Y sin duda lo que viene de aquí en adelante será un vivero de lecciones por aplicar.

Tags:

  • organizaciones partidaarias
  • institucionalidad interna
  • mecanismos de accion

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