La intimidad de un líder

<p>“¿Cómo pueden manejarse los sentimientos de intolerancia e inflexibilidad?” Así vino la pregunta desde el público asistente al evento académico organizado para conocer el sentido de la afectividad en el actuar libre de los seres humanos. Compartiré algunas ideas que pueden ayudarnos a conseguir ambientes agradables que abran la puerta al diálogo en la sociedad.</p>
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La intimidad de un líder

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<p>De acuerdo con el Dr. Juan Fernando Selles, podríamos comparar al ser humano con una verdura, específicamente, a una recién cortada cebolla, la cual tiene muchas capas que se van pelando y nos van llevando hasta el fondo del asunto... Es aquí donde se encuentra lo que nos diferencia de los animales: la intimidad, lo que nos aleja de los seres inanimados y de las plantas. Es en el corazón adonde esta el “copyright” humano, la personalidad, el lugar en que habita el “yo” y que en filosofía se denomina “la persona”. Allí encontramos, por ejemplo, a la libertad, a la capacidad de amar, al deseo de ser feliz, etc. Es hacia la intimidad adonde tenemos que hacer el más viaje más importante y misterios de todos, la aventura conocer quién somos de verdad, que puede llegar a tomarnos la vida entera.</p><p>De hecho, aunque la persona está creada para amar, tiene una libertad limitada porque no posee la plenitud del amor. De ahí que también en el núcleo de la persona se pueda observar una tendencia a crecer, a desarrollarse. A eso le llama “esperanza”, un valor que es lo más parecido al amor, ya que “da fuerza para caminar y ardor en el vivir”. En la antigüedad se le llamó fortaleza a la capacidad de superar los obstáculos en orden a lograr la esperanza y la felicidad.</p><p>Los expertos señalan que el amor es una pasión positiva, al igual que lo es el gozo, el deseo y la misma esperanza. En cambio, son pasiones negativas el odio, la aversión, la tristeza, y la desesperación. Así se configuran las ocho pasiones clásicas, que en la práctica diaria se entremezclan y se relacionan con muchas derivaciones. Una muestra es que “el amor espiritual, lleva al deseo psíquico y a la conmoción física. La alegría disminuye el terror, el asco y la ira. Y al revés el terror produce ira y tristeza, y también puede desconectar el espíritu de la parte superior del hombre. Es conocido el efecto de la disciplina militar incluso en personas muy autónomas e intelectuales. Por otra parte si una persona ve que está en un ataque de agresividad está a tiempo de encerrarse, o tomar una medicina, es decir, de controlar la espontaneidad corporal. Si el instinto sexual está muy activo y despierto hasta la irracionalidad y quedan fuerzas espirituales, se puede controlar los sentidos externos, los lugares donde se acude, etc... En resumen diríamos que se trata de vivir un orden de lo superior a lo inferior. El espíritu manda políticamente sobre el cuerpo...” (Enrique Cases) </p><p>La intolerancia y la inflexibilidad se controlan con las pasiones superiores, como el amor y el respeto hacia el prójimo. Es posible superar estas pasiones que evitan la convivencia pacífica, si logramos caer en la cuenta de que es más valioso respetar la libertad del ser querido o del adversario, (aunque esté equivocado) que insistir en imponerle nuestra opinión acertada. Dios mediante, logremos el diálogo social...

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