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La inversión en capital humano es la que más le aporta a un desarrollo verdaderamente proyectivo y sustentado

Avanzar en la superación de los déficits señalados implica activar una inversión en capital humano que verdaderamente posibilite los saltos de calidad que son insoslayables.

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Todas las condiciones de la realidad presente en el mundo apuntan hacia la necesidad imperiosa e impostergable de posibilitarles a los individuos de todas las condiciones y niveles las herramientas que corresponden a los desafíos funcionales de los tiempos que corren. Esto implica remodelar los mecanismos de educación y de formación, que en gran medida siguen siendo los de siempre, especialmente en países como el nuestro, donde el progreso en todos los órdenes muestra retrasos y deficiencias cada vez más deshabilitantes. Avanzar en la superación de los déficits señalados implica activar una inversión en capital humano que verdaderamente posibilite los saltos de calidad que son insoslayables.

En ese sentido, es revelador el reciente informe que al respecto ha dado a conocer el Banco Mundial, en el que se grafica la posición que tienen los países según el índice de Capital Humano (ICH). En una evaluación de 0 a 1, nuestro país está ubicado en 0.5, lo cual lo ubica entre las puntuaciones más bajas de la región, donde el mejor puesto corresponde a Chile con 0.68. Esta es una medición por resultados, lo cual abarca evaluaciones sobre la forma en que el proceso educativo habilita para el buen desempeño posterior, ya que el capital humano es fundamentalmente existencial, ya que se refiere en forma básica a lo que los individuos hacen constructivamente para sí mismos y para la sociedad a la que pertenecen.

El enfoque que ahora se está privilegiando, a fin de que se puedan dar mejorías reales y consistentes en las condiciones de vida de cara a un futuro cada vez más incierto tanto en lo positivo como en lo negativo, tiene características integradoras, por la propia naturaleza de los retos que están en juego. El propósito fundamental es que el país funcione en todas sus facetas, comenzando por la humana, para convertirnos en sociedad que aprovecha a tiempo y a plenitud todas sus oportunidades. En tal sentido, el Director de Prácticas Mundiales de Educación del Banco Mundial ha dicho sobre lo que toca a El Salvador en este informe: "Un porcentaje de 0.5 significa que tiene la mitad de la productividad que podría haber tenido. Es un indicador de qué tan lejos están los países de donde podrían haber estado con mejores inversiones en la gente".

Lo que todo lo anterior significa es que el tema de la promoción del capital humano tiene que se visto y considerado como un punto decisivo para el avance del país en su línea democratizadora y modernizadora. Esto debe ser ajeno a cualquier forma de ideologización, porque no es cuestión de sector o de grupo sino tema de nación en el más pleno sentido del término. Atender a las personas desde su nacimiento, y hacerlo con toda la efectividad requerida, es obligación insoslayable.

Reafirmamos que hay un profundo vínculo entre la productividad, la competitividad y la educación, y que en tal perspectiva integradora hay que enfocar y tratar siempre el fenómeno del progreso humano, del cual depende que haya prosperidad con justicia.

Lineamientos de esa índole son los que quisiéramos estar recibiendo de los aspirantes a gestionar la conducción nacional en el futuro inmediato; y es lo que la ciudadanía demanda por todos los medios que tiene disponibles.

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