La irrelevancia de los candidatos

No hay duda que en pleno siglo XXI existen salvadoreños que aún siguen creyendo en las falsas promesas electorales que realizan los candidatos.
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Que en la mayoría de casos se acercan a la población más vulnerable para ofrecerles calles, parques, centros de recreación e incluso algunos se atreven a decir que llevarán a la selección de fútbol al mundial 2018.

Creo que las promesas basadas en la demagogia, para apelar a la emoción del promedio de los ciudadanos, ya no caben en el contexto político actual. Como tampoco es aceptable que los candidatos solo se acerquen en tiempos electorales a las comunidades pobres y marginadas para que los spots publicitarios lleven un mensaje de solidaridad a sabiendas que esto solo es un show mediático que les permitirá ganar votantes.

No se puede continuar permitiendo que estén jugando con la dignidad de la gran mayoría de salvadoreños. Es importante crear una conciencia de voto que no esté sujeta a regalías, las que tienen por costumbre dar los partidos políticos únicamente en tiempos de campaña, como la famosa gorra, el huacal, la libra de frijoles y arroz.

Es penoso observar a los candidatos abrazando de una manera amorosa a los ancianitos, los niños y las madres solteras, pero en el mismo rostro se les ve que solamente lo hacen para ganarse su simpatía, pero muy dentro de ellos saben que esa será la primera y última vez que llegarán a esa zona marginal. Dado que ellos mismos no ignoran los niveles de violencia que existen en estas áreas, pero se sienten confiados por la protección que les brindan sus guardias de seguridad.

Estas son las cosas que no se pueden continuar permitiendo de la clase política. Se debe pasar de un plano de propuestas sin sentido que carecen de realización, debido al grado de complejidad por falta de recursos, a propuestas claras y concretas donde el candidato potencie todo aquello que sea congruente y que lleve beneficios claros a las grandes mayorías que en los últimos años han sido olvidadas.

Los candidatos deben oír a la población, ya que se está cansando de discursos bien elaborados que solo exaltan el ego del ponente, pero que no le dan pan al que tiene hambre, ni le devuelve el hijo a la madre que lo perdió en manos de los pandilleros. Es hora que exijamos cosas concretas.

Por ejemplo, ¿qué se piensa hacer con el problema de inseguridad y la tregua de las pandillas?, ¿qué proponen para que los niveles de delincuencia juvenil bajen?, ¿cuál será el mecanismo de prevención que utilizarán para que las nuevas generaciones no estén expuestas a tanta violencia y odio? y ¿cómo piensan financiar estos proyectos?

Se necesita que los candidatos hablen de forma pragmática sobre qué harán en el quinquenio para atraer inversión extranjera y cómo implementaran este plan, ¿cuáles serán los polos de comercialización del país? ¿Qué tipo de mercado buscarán y cuáles serán los incentivos que les darán y si aplicarán un sistema que evalué costo-beneficio?

Cómo mejoraran el clima de inversión, los índices de competitividad, la facilidad de hacer negocios o qué se piensa hacer para desarrollar el puerto de La Unión, cuál es el plan estratégico energético para los próximos 20 años y, por último, qué propuestas hay para la integración centroamericana.

Estos son, entre otros, los grandes retos que tienen los candidatos que no los resolverán ni solos ni con demagogias, sino con un espíritu de servicio y honestidad.

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  • Elecciones 2014
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