La juventud asume cada vez más presencia ciudadana

Oigamos responsablemente a los jóvenes, que son las voces de un ahora y un mañana en los que está escrito el destino nacional inmediato.
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<p>&nbsp;</p><p>El fenómeno es global, y sus expresiones se han venido viendo en todas las latitudes: los jóvenes, que antes parecían muy poco interesados en el acontecer cívico y político de sus respectivas sociedades, hoy están tomando un lugar de vanguardia en el reclamo por más libertad, más civilidad, más democracia y más respeto al ser humano. Interpretar debidamente tal fenómeno, que desde luego no es casual ni mucho menos producto de una extravagancia pasajera, requiere tener en cuenta la naturaleza de los nuevos tiempos que se manifiestan luego del colapso de la bipolaridad del poder mundial: hoy se está formando una multipolaridad de signo ciudadano.</p><p>En el pasado, los poderes férreamente centralizados hacían cuanto era necesario para controlarlo y manipularlo todo, y una de sus armas principales era la ideología. En un mundo en blanco y negro, no había espacio para los matices, que es lo que siempre se da en el diario vivir, en cualquier tiempo y lugar. Ahora, ya no es cuestión de “agitar masas”, bajo el mandato interesado de la élites ideológicas: las realidades del presente, en un mundo cada vez más intercomunicado y con fronteras que se van flexibilizando y aun disolviendo día tras día, hacen más propicio que nunca el despertar de la ciudadanía, como sujeto principal del acontecer histórico en todas partes.</p><p>En nuestro ambiente, hasta hace poco parecía impensable que se estuviera gestando una nueva forma de expresión de los jóvenes frente a la realidad política del país, con todas las implicaciones que ésta tiene en lo jurídico, en lo social y en lo económico. La expansión impresionante de la comunicación virtual, en especial en las redes sociales, ha sido factor detonante de esta alborada de pensamiento y de sentimiento joven. No sólo los jóvenes participan en el auge de la ola ciudadana, pero su presencia se hace sentir con creciente vitalidad y con voluntad emergente. Y esto conduce a un inevitable cambio de perspectivas dentro del panorama de la vida nacional.</p><p>Signos actuales como éste tienen que mover nuestro proceso de desarrollo democratizador hacia espacios más abiertos, en los que, por ejemplo, la competencia política ya no sea coto cerrado de los partidos y de sus liderazgos.</p><p>Esa especie de autismo en que ha vivido encerrada la política nacional ya no es sostenible de ninguna manera; y en la medida que las aperturas se vayan logrando, la vida nacional tendrá que ganar coherencia, consistencia y seguridad, que es lo que está necesitando a gritos, para que el país salga de los distintos marasmos que lo postran y pueda entrar en una verdadera ruta de desarrollo en todos los órdenes.</p><p>Tenemos que tomar generalizada conciencia de que la juventud está aquí, ya no como un espectador distraído, sino como un actor con creciente conciencia de su derecho a serlo y de las responsabilidades que eso acarrea. Es cierto que una parte de nuestra juventud se halla atrapada en el mundo falso de las conductas antisociales y delincuenciales, y se debe hacer todo lo necesario para rescatarla y para prevenir ese destino perverso, pero hay también una buena parte de la juventud que está dispuesta a tomar su puesto en el presente para ganar en buena lid las posiciones del futuro. Entenderlo y acompañarlo es deber de todos.</p><p>Oigamos responsablemente a los jóvenes, que son las voces de un ahora y un mañana en los que está escrito el destino nacional inmediato. Este es tiempo de lecciones compartidas, en el que todos aprendemos de todos. Y esa es la clave del éxito en un tiempo tan complejo y plural.</p><p>&nbsp;</p>

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