La lucha por la vigencia de las libertades va ganando terreno en el mundo

El acompañamiento universal al repudio contra el terrorismo nos muestra que cuando las acciones criminales se hacen sentir hay que responder de frente y con todos los recursos disponibles al servicio de la ley y de la moral.
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El desenvolvimiento de los fenómenos globales pone en evidencia que, si bien es cierto que una de las características más notorias de la globalización es la progresiva apertura de las fronteras tradicionales en todos los órdenes, paralelamente crecen y se expanden los riesgos y los atentados contra los valores fundamentales para una convivencia pacífica y civilizada. Entre dichos valores, el de la libertad se halla en primera línea, y por eso es de los más atacados y vulnerados. Hay una trilogía de libertades que reciben constantemente amenazas y agresiones de diversa índole: la libertad de pensamiento, la libertad de expresión y la libertad de prensa.

En estos días, se ha dado un hecho de violencia salvaje contra la vida y contra la libertad de expresión con el atentado cometido en París por unos cuantos criminales fanáticos que tuvo como blanco el semanario satírico “Charlie Hebdo”. 12 muertos y 11 heridos fue el saldo del ataque al medio que sigue una tradición francesa de crítica desenfadada a todo tipo de personajes. El hecho, envuelto en un tenebroso manto de venganza religiosa, despertó de inmediato el repudio universal; y el pasado domingo se escenificó en París una multitudinaria expresión de condena contra este tipo de hechos, encabezada por la presencia sin precedentes de altos representantes políticos europeos y del Medio Oriente, así como de otras latitudes. Ver a todos esos personajes tomados del brazo y caminando por la calle en un ambiente de vibrante solidaridad en pro de la salvaguarda y el imperio de las libertades en el mundo es una imagen que abre grandes expectativas sobre las posibilidades reales de ir construyendo un mundo mejor.

El acompañamiento universal al repudio contra el terrorismo nos muestra que cuando las acciones criminales se hacen sentir hay que responder de frente y con todos los recursos disponibles al servicio de la ley y de la moral. Los procesos tienen su respectiva acumulación en el tiempo; y eso lo podemos constatar sin reservas en este caso. Hace un poco más de 13 años, el 11 de septiembre de 2001, al producirse el destructor atentado terrorista en Estados Unidos, si bien hubo una reacción generalizada de repudio y de condena, no se dio una muestra tan elocuente y dramática como la que se ha dado en París en estos días, con amplias irradiaciones internacionales. La situaciones maduran, y sin duda estamos ya en un momento de crisis superior ante las fuerzas del terror organizado, en el que ya no es admisible ningún gesto de disimulo ni ninguna actitud condescendiente, se presente como se presentare.

Las imágenes de cohesión que hasta hace muy poco hubieran sido inimaginables y que se hicieron patentes en la oceánica marcha parisina no deben quedarse en las vías de ese domingo excepcional: tienen que estimular de inmediato un esfuerzo realmente compartido por todos, aun por los que vienen caracterizándose como adversarios irreconciliables, en razón de lo que la realidad demanda. Sobrevivir es una tarea a la que nadie puede estar ajeno: y sobrevivir en libertad constituye un desafío que se encuentra en la raíz del ser civilizado.

Esta será una cadena de batallas en todos los campos y en todos los sentidos para asegurar que el régimen de libertades se imponga sobre sus detractores. Estemos vigilantes todos, en lo que toque a cada quien. La libertad se gana y se garantiza en la vigilia del día a día; y en el caso específico de LPG, a muy poco de alcanzar nuestro primer Centenario, esa convicción está más fresca que nunca.

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