Lo más visto

Más de Opinión

La madre de las ciencias

En un tiempo donde el “corre corre” es la moda, es muy necesaria la paciencia: la madre de las ciencias.
Enlace copiado
La madre de las ciencias

La madre de las ciencias

La madre de las ciencias

La madre de las ciencias

Enlace copiado
Terminó Navidad y “hay que quitar los adornos”, ya finalizó enero y el trabajo nos satura, los jefes tratan de planificar de aquí a diciembre para cumplir tal o cual meta, y ni se vive enero ni diciembre.

El tiempo pasa tan rápido que cuando uno se da cuenta ya mañana es ayer.

Pero el problema somos nosotros, no Dios ni el tiempo. Dios tomó su tiempo para crear el mundo, y descansó en el séptimo día. Hizo de tal manera su creación que para que nazca un bebé no hace esperar dos meses a la madre, sino nueve; para que un trigo dé frutos el agricultor debe esperar el tiempo de la cosecha que es muy lejano al tiempo de la siembra. Y así... todo tiene su hora, todo su tiempo.

Lastimosamente nuestra sociedad ha transformado el concepto del tiempo y ahora lo que más vale es lo rápido, lo acelerado, lo que se termina antes.

Hemos cambiado los ritmos de la naturaleza por los ritmos de la técnica y la eficiencia. Con un botón llegamos adonde queremos en todo aparato tecnológico, y si no funciona lo apretamos varias veces; y así en un restaurante queremos que nos sirvan inmediatamente, empezamos un negocio y queremos ver los resultados al día siguiente, pedimos una cita y queremos que sea enseguida.

La naturaleza ha sobrevivido miles de años con su ritmo, lo que pasa es que ahora esos ritmos nos aburren y vivimos corriendo para cambiarlos; y en ese “ser eficientes” no hay tiempo para disfrutar, y terminamos enfermando por excesos de aceleramiento.

Tener paciencia no significa ser lento, estancarse o atenerse... sino saber esperar y actuar con madurez. En estos tiempos, más que nunca, la clave del éxito, la pizca de sal que le falta al mundo es “la paciencia”. Y no se aprende de ella si no se experimenta. Mientras más tenaz sea nuestra paciencia, más segura será nuestra recompensa.

No existe ningún logro que no sea el resultado de un trabajo y de una espera paciente, por eso debemos evitar (como la peste) todo carruaje que haga un alto para ofrecernos “un rápido viaje” a la riqueza, la fama o el poder.

Se dice que la paciencia es amarga pero su fruto es dulce, y es cierto, porque con paciencia se puede soportar cualquier adversidad y sobrevivir cualquier derrota, con paciencia se puede controlar el destino y buscar lo que se desea.

Y es que no se puede apresurar el éxito, del mismo modo que los lirios del campo no pueden florecer antes de la primavera, o la construcción de una pirámide sin que sea piedra sobre piedra, o ¿qué herida se sana si no es poco a poco?

El ser valiente sin paciencia puede matarnos; el ser ambicioso sin paciencia puede destruir la carrera más prometedora; el esforzarse por alcanzar la riqueza sin paciencia puede llevarnos en contra y devastar nuestro destino; el perseverar sin paciencia es algo imposible.

Ya lo decía el filósofo Séneca, desde el año 65 d. C.: “No recibimos una vida corta, sino que somos nosotros los que la hacemos breve. Así como las riquezas, por muy copiosas y regias que sean si llegan a un mal dueño se disipan; y si son pequeñas y se entregan a un buen guardián, se acrecientan con el uso; así nuestra vida se abre espaciosamente al que la dispone bien”.

Lee también

Comentarios