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La moda electoral: Alianzas y coaliciones

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Rubén I. Zamora, Exembajador en Estados Unidos y ONU

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Una de las peculiaridades de la presente elección es la generalización de las alianzas o coaliciones entre los partidos políticos contendientes. Si bien no es lo mismo Alianzas (carácter político) que Coaliciones (carácter jurídico-político), las usaremos como sinónimos.

Tradicionalmente, todos los partidos han usado coaliciones para elecciones de diputados y alcaldes, mientras que solo las fuerzas de izquierda para elección presidencial; en la presente campaña electoral son las fuerzas de derecha ARENA-PCN-PDC quienes arrancan tratando de coaligarse en torno al candidato de la primera; Cambio Democrático (CD) ha anunciado una alianza con el partido en formación Nuevas Ideas para asumir la candidatura del Sr. Bukele; y el FMLN empieza a insistir que está dispuesto a formar coaliciones (excepto con ARENA).

Desde el punto de vista político hay dos tipos de alianzas: las de carácter coyuntural y las estratégicas. Las alianzas coyunturales son frecuentes en el quehacer legislativo y suelen referirse a votar una ley; los diputados de diversas fracciones se entienden para hacer mayoría y pasar el decreto legislativo, fácilmente cambian y su periodo es de 3 años; por el contrario cuando se trata de una elección presidencial están asumiendo un reto y una responsabilidad mucho más alta, pues no se trata simplemente de levantar la mano diciendo sí al proyecto de ley, sino de gobernar por cinco años a todo un país.

Nuestra realidad política es la negación de lo que estamos planteando, pues por un lado, lo que sería una alianza coyuntural, toma el carácter de estratégica, pero sin las características inherentes a este tipo de alianza; esto es lo que sucedió en la Asamblea Legislativa durante los 4 gobiernos (20 años) de alianza ARENA-PCN y ha continuado en la última década entre el FMLN con GANA; en ambos casos, ellos han formado la mayoría legislativa, pero, nunca hemos conocido de un programa legislativo concreto para los 3 años del periodo y mucho menos a enfrentar conjuntamente la responsabilidad de sus actos ante el pueblo, por el contrario, se trata de una forma de corrupción del proceso legislativo, en la que el voto se cambia por prebendas o dinero y los legisladores se despojan de su carácter de representantes “del pueblo entero” y se visten con el interés partidario y personal, a este tipo de alianza perversa pertenece la inveterada costumbre de manipular las elecciones de segundo grado repartiéndose los cargos a elegir sin importarles los requisitos que la Constitución prescribe.

Una coalición para presidente es siempre estratégica, su sentido político es ir más allá de la elección; si un partido a lo único que se compromete en la coalición es a tratar que el candidato sea electo y por ello recibe prebendas, está realizando un acto de irresponsabilidad ante el pueblo y no puede ser menos que catalogado como un “partido taxi”; pero si la alianza o la coalición se basa en principios comunes, define un programa mínimo pero concreto de decisiones y programas a realizar durante los 5 años de gobierno, explicita de qué manera los partidos coaligados van a asumir la responsabilidad de gobernar y ese acuerdo es públicamente firmado y distribuido a la población durante la campaña, entonces estaremos ante una coalición estratégica, que es el tipo de coaliciones que nuestra gobernabilidad está exigiendo. Desgraciadamente, todo pareciera indicar que la coalición ARENA-PCN-PDC está enfrascada en la elección del vicepresidente y no le presta atención a lo que su candidato y los tres partidos van a hacer si es que llegan a triunfar.

No estoy en contra de las coaliciones tanto legislativas como para la presidencia, es más, son absolutamente necesarias porque nuestro electorado no otorga la mayoría a ningún partido y por tanto, los acuerdos entre fracciones son indispensables para aprobar la legislación; pero rechazo el modo como se hacen, sin transparencia, con acuerdos a cambio de dinero o prebendas, así como por su renuencia a asumir la responsabilidad frente al pueblo de lo que deciden y esto se está traduciendo en la actitud de la mayoría de la población de negarle legitimidad a la Asamblea, a los diputados y a los partidos.

Diferente sería, si al inicio de la legislatura, o de la campaña electoral para presidente, los partidos que van a formar la mayoría o los que se asocian para la presidencia, lo hicieran transparentemente y definieran el conjunto de medidas políticas (programa común) a pasar en el periodo y que frecuentemente toma el título de “programa mínimo” de acción, el cual es un documento público.

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