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La moralidad en el Arte

Una obra que repite discursos sin ofrecer una visión creativa no funciona como obra de arte.

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Juan Santiago Martínez - Curador y crítico de arte

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En la Historia del Arte oficial se ha recogido en muchas ocasiones la idea de la vinculación entre lo bello y estético con lo ético y moral. Aquello que es estéticamente bello es aquello que es moralmente correcto. Aristóteles vinculaba lo bello con lo correcto y Wittgenstein ofrecía una visión donde lo ético y lo estético son de la misma naturaleza. Pero, en este marco intelectual, Lipovetsky menciona que existe un garrafal error: cuando lo moral supera a lo estético y, sobre todo, cuando la hipertrofia del ser supera las barreras estéticas. Este síntoma es universal y también se da en el arte salvadoreño.

Lo moralmente intachable tiene que ver con los grandes temas humanos: la denuncia, lo social, la religión, la justicia, la historia, la memoria, los sentimientos, la vida y la muerte, entre otros. Hay que distinguir que lo moralmente intachable no necesariamente es aquello que es propiamente bonito, por ejemplo, las denuncias de Goya mostraban escenarios más bien macabros. La estética se vale de lo bello; pero, lo bello puede ser grotesco, melancólico, triste o atemorizante. Lo moralmente intachable es aquello que busca sublimar el alma del espectador y lo haga reflexionar en torno a temas que todos hemos pensado.

Por ejemplo, el arte salvadoreño alcanzó su mayor auge entre 1970 y 1990. En ese contexto, algunos artistas recibieron una excelente educación artística y eran conscientes de su tiempo. Con valores sociales por delante, algunos denunciaron los horrores de la guerra con una visión moralmente intachable y universal: la denuncia de injusticias, crímenes de guerra, desolación y esperanza en algunos casos. Lo moral estaba estrechamente ligado a lo estético y viceversa.

Actualmente, el discurso moralmente intachable se centra en la igualdad, la visibilidad, la incorporación de lo marginal y la inclusión. Son los temas universales de la actualidad. Sin embargo, he observado que estos temas se imponen a la estética y es preferible el concepto a la excelsa realización. Vendría a ser como si quiero dar un discurso, pero soy incapaz de hablar o lo hago de mala manera; o, peor aún, repito perdiendo total libertad creativa. Me pregunto, entonces, ¿qué pasa cuando una obra muestra un mensaje moralmente intachable, bajo el discurso de la actualidad, pero es estéticamente incorrecta? Pues que la obra carece de sentido.

Por lo tanto, la obra ha de ser vinculante. No puede existir, en esencia, una obra que sea moralmente intachable y al mismo tiempo estéticamente incorrecta. Porque, de ser así la obra se vuelve panfletaria. En otras palabras, la obra deja de ser moralmente intachable y se vuelve un vehículo de la moralidad y no de lo moral. Opino que una obra que repite discursos sin ofrecer una visión creativa no funciona como obra de arte. Una obra moralmente intachable, pero tiene que explicarse, no funciona. Finalmente, una obra que es dogmática y se muestra por el hecho de serlo, no funciona.

La obra de arte no puede escudarse solamente en lo moralmente intachable, porque, si no es estéticamente correcta, se vuelve sesgada y corruptible. La obra de arte tiene que buscar en la creatividad la forma de dar un discurso a través de su correcta realización.

En la actualidad, muchos artistas se valen de discursos hipertróficos (exceso del Yo, desgracias del Yo, frustraciones, discursos condescendientes o victimistas) para validarse. Se escudan solamente en discursos contemporáneos para ser exhibidos y ganar fama. En fin, no quiero terminar sin aclarar que el problema no es el discurso, el problema es cuando por fallos estéticos las obras dejan de ser morales y se convierten en moralizantes, doctrinarias y panfletarias.

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Tags:

  • arte
  • moralidad
  • ético
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