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La necesidad del pasado

Salvadoreño-francés estudiante de Ciencias de la Humanidad en FranciaDentro de un contexto de elecciones que se aproximan, se lanza toda suerte de soluciones para, sin ironía, salvar El Salvador.
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La necesidad del pasado

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Todos miran hacia el horizonte, prometiendo un «futuro mejor» para nuestro país. El futuro que al parecer concentra todas las soluciones está presente en todas las bocas, en todas las mentes, en todos los programas. Pero, ¿por qué, al contrario, las respuestas a nuestra crisis no estarían en el pasado?

Mirar hacia delante está bien y es incluso necesario para avanzar. Sin embargo, antes, hay que saber mirar hacia atrás, aunque no sea un gesto natural en nuestra época. Y es igual de necesario para poder avanzar. Un destino no se entiende ni se alcanza sin la luz de un origen. Nuestros políticos suelen olvidarse de ello, y puede ser que sea a propósito. La noción de futuro es muy práctica porque crea un espacio temporal que por definición no existe y mediante una libertad ilimitada hacia él se pospone la resolución de problemas urgentes, se especula y promete, un conjunto que termina siendo mentira dentro de un laberinto de proyecciones en el cual todo el mundo se pierde naturalmente. Pero más allá de este subterfugio, no se puede construir ni pensar un futuro ex nihilo. No se puede crecer sin los fundamentos que solo podemos encontrar en nuestro pasado. Sobre todo cuando se trata de la historia de El Salvador.

Nuestra historia nacional tiene cantidad de acontecimientos importantes, se puede gozarlos o sufrirlos, en todo caso ahí están y hay que considerarlos con seriedad porque es una riqueza imprescindible. Cada salvadoreño debería tener en mente episodios históricos, fechas, personajes famosos, todo un pasado compartido que forma entonces una historia nacional. Es una esencia común capaz de reunir a todos los ciudadanos a pesar de las posibles diferencias posteriores, del campesino hasta el empresario salvadoreño. Las divergencias llegan después, dentro del campo ya dibujado por la cultura salvadoreña cuyo núcleo es la historia nacional. Es el primer rasgo de un pueblo, sin el cual no podemos entender nuestra existencia y menos aun la del vecino, sin el cual la cooperación es imposible y un futuro mejor iluso. Sin historia no hay pueblo, y necesitamos ser un pueblo que tiene conciencia de sí promoviendo su cultura. Saldremos más rápido de la tormenta si estamos todos unidos en el mismo navío, remando gracias a una estructura construida por nuestros antepasados en cuyo alto podemos ver y sentir la bandera azul y blanca bailar con el viento.

Si muchos se niegan en subirse en el buque es porque en algunas partes reinan la sangre y los cadáveres. Por eso algunos le dan la espalda al pasado. Pero en realidad no tenemos otra opción que aceptar ese legado que nos ha forjado. No podemos olvidar o ignorar episodios pasados tan pesados. Sin duda esto implique involucrar la justicia, pero será necesario para cerrar recuerdos cuyos dolorosos olores de muerte ahogan todo el país. Así podremos acercarnos a acontecimientos importantes de nuestra historia lejana o reciente, recordarlos y aceptarlos con menos dificultad permitiendo el despliegue de una memoria colectiva que permitirá la unidad del pueblo salvadoreño.

Tenemos que tomar en cuenta nuestro pasado para crear una historia nacional que es la esencia de una cultura. Y si eso implica sanar heridas, sanémoslas. Quizás sea doloroso, pero es necesario. ¿Cómo sería posible enfrentar el futuro sin haber considerado ni integrado nuestro pasado que nos define como identidad, como pueblo salvadoreño? No podemos avanzar sin piernas. Un árbol sin raíces no crece; es más, termina muriendo.

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