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La noche que cayó el Muro de Berlín (1)

Esa noche fue la de el 9 de noviembre de 1989.
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En ese momento yo, acababa de cenar cuando vi por la televisión las imágenes en vivo del momento exacto en que estaba cayendo el Muro de Berlín en Alemania, que le demostraban claramente a todo el mundo que el comunismo se estaba muriendo. En ese momento sentí una gran alegría, pero también sentí que había obtenido el más grande triunfo de mi vida. Y de inmediato me fui a buscar a mis enemigos políticos y les dije: Hey, les gané la guerra ideológica; que ya no se acuerdan cuando yo les decía que el comunismo tenía errores y estaba equivocado; que era contrario a la “naturaleza de los seres humanos”, pues se oponía a la superioridad de los hombres y de las mujeres; que era la ideología del odio y de la traición, pues destruía el amor, la familia y las amistades; que en Cuba y en Corea del Norte la gente estaba presa y no podía salir; que ahí no se respetaban los derechos humanos sino que solo se aplastaban; que ahí la gente no podía criticar a nadie, porque si no lo metían preso; que el comunismo era contrario a Dios, a la libertad, a la democracia, al progreso de las personas, de los pueblos y que, por eso una ideología como esa no nos convenía a nosotros los salvadoreños ni a nadie en todo el mundo.

Pero hay que recordar también que el comunismo no cayó así por así, sino que fueron los campesinos, obreros y demás proletarios los que lo quitaron, pues un día se dieron cuenta de que ese “paraíso de progreso, igualdad y de abundancia”, del que tanto les habían hablado, no existía, era falso, solo era una ilusión, para mantenerlos engañados, adormecidos y así poder aprovecharse de ellos.

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