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La nueva Justicia

Dios ha provisto una justicia superior, pues la justicia de la Ley no funcionó.
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Rafael Mejía Scaffini  /  Sociólogo y Prof. en Teología

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Sociólogo y Prof. en TeologíaEl problema de la justicia se vuelve complejo cuando escuchamos a la mayoría de creyentes y no creyentes, autoproclamarse justos. Pablo, en su carta a la iglesia de Roma, escribe acerca de la imposibilidad de que el hombre se justifique por sus propias obras, concluyendo que no hay justo ni aun uno, y que todos estamos destituidos de la gloria de Dios. Luego expone la nueva justicia de Dios, es decir, la forma en que Dios ofrece salvación a los creyentes: “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él” (Rom. 3.21-22).

Lo que Pablo está diciendo es que a diferencia de la Ley del Antiguo Testamento, Dios ha provisto una justicia superior, pues la justicia de la Ley no funcionó. Esta fue concebida de acuerdo con el carácter de Dios, y garantiza que toda la gloria sea para Él. Es gratuita y se accede por fe, es producto de la obra de Cristo, y no es exclusiva para Israel sino que tiene carácter universal. Esta nueva justicia nos otorga el beneficio de haber cumplido con toda la Ley, pues al ser justificados, o declarados justos, recibimos perdón de pecados, somos reconciliados con Dios, tenemos libre acceso a su presencia, y podemos tener comunión con otros creyentes.

Con esta revelación Dios, a través de Pablo, quería dejar claro que la salvación no se alcanza ni por el cumplimiento de las obras de la Ley que recibió Israel, ni por el conocimiento que alcanzaron los griegos, sino a través de la obra redentora de Cristo, tal como está escrito: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” (II Cor. 5.21).

En ese sentido, podemos afirmar que la Ley nunca cumplió una función salvadora, y esto lo confirma el magnífico argumento que presenta la Carta a los Hebreos: “Porque la Ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado” (Heb. 10.1-2).

¿Entonces por qué Dios estableció la Ley?

Esta cumple por un lado una función positiva, en el sentido de enseñarnos principios de vida, los cuales son necesarios para vivir sabiamente en este mundo; y por otro, cumple una función pedagógica, en el sentido de preparar al mundo para entender la nueva justicia de Dios, es decir, la salvación realizada por la obra de Cristo.

Pablo agrega que si bien es cierto esta es un regalo de Dios, y por tanto no podemos hacer nada por nosotros mismos para merecerla, al recibirla no podemos vivir como queramos, sino que debemos convertirnos en siervos de Dios, tal como lo expresa en su carta a la iglesia de Corinto: “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (I Cor. 6.20).

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