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La nueva droga

Esta propuesta y sugerencia temática me la dio mi hijo, y sí que llamó mi atención. Mira –me dijo preguntando–, ¿ya te diste cuenta de la nueva droga que está perdiendo a los jóvenes? Como buen hijo de periodista me clavó una duda que no podía quedar así.
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¡No! respondí, y comenzó la entrevista con mi vástago de 18 años, que no perdió el tiempo para exponer sus argumentos.

¿Dónde se compra? Fue mi primera pregunta a rajatabla. En cualquier parte –afirmó– puedes conseguirla legal e ilegalmente, se puede obtener a cambio de unos pocos o miles de dólares, todo depende de la capacidad adquisitiva de los consumidores. Ella puede permitirte volar a lugares extraordinarios o llevarte a los más bajos y oscuros pensamientos, si abusas o la usas descontroladamente, me explicó.

Sus palabras fueron cada vez más reveladoras. Se trata de algo –continuó– que está destruyendo los sueños de miles de jóvenes cuando caen en el uso indiscriminado de la droga, y aunque no lo creas tiene un doble efecto, puede llevar a algunos a niveles indescriptibles de poder sobresalir y triunfar en la vida o destruir los sueños y el desarrollo de los que han caído en el uso indiscriminado.

No pude más y disparé una metralleta de preguntas: ¿Qué es, cómo se llama, se fuma, se toma, cómo se consume? Tienes muchas formas de consumirse y un solo nombre: Ocio. Se presenta como tecnología que se consume en cualquier tipo de dispositivo con conexión a internet y las redes sociales.

Entonces rematé: ¿Y qué piensas tú? “La droga que ahora está destruyendo a toda una generación es todo el ocio perdido en nuestros teléfonos, tablets, laptops; parece irónico pero nos hacen crear toda una sociedad virtual que nos aleja de nuestra realidad social”, fue la respuesta.

“Hoy en día a la mayoría de jóvenes nos importan cuántos ‘likes’ recibe una publicación, cuántas veces se comenta una foto o qué número de veces se comparte algo. Lo cierto es que todo eso nos aleja cada vez más de la realidad que afecta a nuestros países y es lo que provoca que no tomemos conciencia, que no protestemos, que no nos involucremos. Nos encontramos en una situación en la que todo el mundo parece estar dormido”, remató mi joven hijo.

Algunos efectos colaterales de esa droga: están mucho tiempo en internet, distracción en el cumplimiento de tareas y bajo niveles de análisis, atenta contra la salud mental, física y sicológica, se rompen las relaciones afectivas interpersonales, son ciegos de conocimiento de su entorno; sin contar que muchos pierden contacto espiritual con Dios, entre otros.

Aunque algunos se niegan a caer en eso, pues se superan, crecen, explotan internet, las redes sociales y la tecnología para convertirse en jóvenes experimentados en los negocios digitales; aun con eso positivo son muchos más los que pierden el tiempo y se pierden ellos mismos en la red, como en la película “Matrix”.

Pero según mi interlocutor, y es lo que más le preocupa, el ocio como droga implica no pensar, no analizar, ni siquiera conversar sobre los temas que atañen sus intereses futuros como: la corrupción institucionalizada venga de donde venga (derechas o izquierdas), el ascenso de la inseguridad, la demagogia partidista hacia la juventud, y la apatía deliberada de participar en los cambios que, se supone los jóvenes representan, pero adictos a los juegos, al chat indiscriminado y los memes, sus aportes serán como el de una persona alejada de la realidad, metida en una sociedad virtual que solo existe para ellos y sus amigos imaginarios.

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  • internet
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