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La nueva economía social

Bernardo Kliksberg, teórico social latinoamericano, viene orientando la opinión pública mundial sobre la importancia de desencadenar las capacidades productivas sociales para enfrentar la pobreza en el mundo en que vivimos.
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La propuesta más conocida recientemente es la nueva economía social que tuvo sus orígenes con el proceso abierto desde hace más de 150 años en el mundo, particularmente, con las ideas y prácticas mostradas por Richard Owen en 1832 en Inglaterra, volviéndose hoy en día más decisivo en aquellos países con mayores niveles de pobreza.

La nueva economía social se refiere a la creación de un marco diferente de trabajo, producción y vida, en donde la idea central es la auto organización de los que trabajan para la producción, bajo modalidades de democracia laboral, para generar en conjunto bienes y servicios, con esfuerzos presididos por un credo de valores éticos y solidarios. Este nuevo “modelo” es un imperativo en las sociedades de todo el mundo para elevar los ingresos, generar empleo y procurar que más amplios sectores de la población se inserten en los circuitos económicos nacionales y mundiales. Los ejemplos más valiosos en nuestro medio son aquellas expresiones sociales de producción denominadas cooperativas: explotaciones de producción y generadores de empleo y que son ejemplos para el desarrollo de los negocios en nuestro tiempo. Y en efecto, las Naciones Unidas declararon 2012 como el Año Internacional de las cooperativas, expresando que “las cooperativas en sus diversas formas promueven la mayor participación posible en el desarrollo económico y social de todas las personas incluyendo mujeres, jóvenes, personas mayores, discapacitados y pueblos indígenas, y se han transformado en un factor mayor de desarrollo económico y social, y contribuyen a la erradicación de la pobreza” (Resolución 64/136, 2010). Y en El Salvador, ¿es viable este tipo de producción para procurar producción y empleo en donde se mantienen los niveles de pobreza particularmente en el área rural? Ya en el artículo 114 de la Constitución de la República de El Salvador se establece que el Estado protegerá y fomentará las asociaciones cooperativas, facilitando su organización, expansión y financiamiento. ¿Se ha estado promoviendo lo que nuestra carta magna indica? ¿Qué tanto se ha avanzado?

La información estadística nos revela que a nivel mundial existen 1,000 millones de personas como miembros de cooperativas. Eso significa que uno de cada cinco adultos mayores de 15 años del mundo produce nada menos que el 10 % del producto bruto mundial. Muchas proyecciones ubican a las asociaciones cooperativas como uno de los modelos empresariales del mundo de mayor crecimiento para 2025.

Sin embargo, guardando las distancias y las realidades históricas e institucionales, la capacidad de ese tipo de unidad productiva en El Salvador es limitada. Por ejemplo, ese tipo de explotaciones productiva del área rural, según lo detallara el IV Censo Agropecuario levantado en el año 2007-2008 en el país, se estima 395,588 corresponden al total de unidades productivas agrícolas en El Salvador, de las cuales las que poseen un tipo de administración cooperativa solamente 256 (0.06 %) corresponden a cooperativas agrícolas. Esta realidad económica y social ocupa el 6.4 % (85,017.3 mz) de tierra con vocación agrícola y se encuentran en poder de las cooperativas. Sin embargo, el financiamiento para este tipo de unidades productivas aún se encuentra limitado.

Si se quiere eliminar la pobreza con nuevas oportunidades de producción y empleo, la nueva economía social es uno de los caminos por apoyar a través de una política pública agrícola que apoye a este tipo de producción, que es además congruente con los preceptos constitucionales.
 

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  • Bernardo Kliksberg
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  • economia social
  • democracia laboral

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