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La nueva esperanza: Historias de los niños que arman robots

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La nueva esperanza: Historias de los niños que arman robots

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En el complicado entorno en el que vivimos donde la violencia es la preocupación más grande de los salvadoreños, este artículo puede servirle de respiro, porque en este momento, en algún rincón del país donde las calles aún son de polvo y donde hay grafitis en los muros, hay un niño que con esperanza e ilusión está armando un robot, construyendo y programando su futuro. Aquí comienzan sus historias.

Hace un par de años fui jurado en un concurso de emprendimientos tecnológicos del Instituto Nacional Técnico Industrial de San Salvador (ITI), uno de ellos captó mi atención. Tres estudiantes habían creado un sistema para registrar entradas y salidas de estudiantes en centros escolares.

Cuando el estudiante pasaba su carné por un lector de código de barra, un mensaje llegaba al celular de sus padres informando que el joven ingresó o salió del centro escolar, este a su vez también podía registrar y reportar en tiempo real absentismo o deserción escolar. Estos datos, actualmente, tardan meses y hasta años en procesarse con conteos tradicionales. Ellos habían encontrado la solución.

En Chalatenango, en julio de 2017 conocí a tres jóvenes del Centro Escolar Caserío El Coyolito de Tejutla, uno de los 18 centros escolares públicos que la empresa de telecomunicaciones para la que laboro apadrina a nivel nacional.

Los niños, de unos 12 años, con implementos de robótica, habían construido un car wash en una maqueta que tiraba agua al carrito de juguete que habían colocado sobre una banda sinfín y lo secaba automáticamente. Ellos explicaban orgullosos su proyecto y lo ponían a trabajar una y otra vez para que todo el que pasara por su exhibición lo viera. Lo que necesitaron fue un kit de robótica educativa, un mentor que les enseñó a armar y programar, su tiempo y creatividad.

Otra historia, esta vez de una niña de 14 años estudiante del Centro Escolar 14 de Diciembre de Soyapango. Ella creó con legos un robot en forma de serpiente, que además de caminar hace movimientos como si fuera a morder y levanta y baja la cabeza, lo maneja desde su celular. Esta niña quiere estudiar diseño gráfico porque “incluye mucha tecnología”, así como otra niña de Ahuachapán que me dijo: “Nunca pensé que sería capaz de crear un robot”. Autoestima nivel 10.

Se me eriza la piel en pensar por los lugares que estos jóvenes tienen que pasar para salir de su casa y llegar a su centro escolar, al pensar en que tienen que controlar con fuerza sus miedos y gritarse por dentro “¡sí puedo salir adelante!”

Dicen que “niño que toca un instrumento jamás tocará un arma”. Yo opino que también aplica con la tecnología, bien orientada, una criatura vería en una computadora, tablet o smartphone, una herramienta para aprender jugando un oficio del que puede vivir.

Hay un camino para salir adelante y es la educación digital. Es urgente exigir que esto suceda y ayudar desde donde estemos a que sea una realidad. En 20 años El Salvador debe ser exportador de talento y servicios tecnológicos, con niños y jóvenes bilingües que hayan crecido con la tecnología y, por ende, con menos delincuencia. Somos trabajadores y entusiastas por naturaleza, podemos lograrlo, pero hay que comenzar ya.

Ya vamos tarde, no hay tiempo que perder.

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