La nueva política de Estados Unidos hacia el Triángulo Norte de Centroamérica

Determinada prioritariamente por la seguridad nacional de Estados Unidos, representa un considerable cambio respecto a la política de las últimas dos décadas. Más nos vale entenderla pronto y sin tapujos, actuando en consecuencia.
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La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca inaugura una nueva política hacia la subregión centroamericana conocida como el Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA) –Guatemala, Honduras y El Salvador–. La reunión hoy y mañana de nuestros presidentes y Gobiernos en Miami con el vicepresidente Mike Pence, el secretario de Estado Rex Tillerson y el secretario de Seguridad Doméstica John Kelly concretará y formalizará la nueva política marcada prioritariamente por la seguridad nacional de Estados Unidos. Se trata de un considerable cambio respecto a la política de las últimas dos décadas. Más nos vale entenderla pronto y sin tapujos, actuando en consecuencia.

El documento publicado recientemente por el Atlantic Council (“Building a Better Future. A Blueprint for Central America’s Northern Triangle”) como plan de la nueva política hacia la subregión, patrocinado y prologado por los dos congresistas republicano y demócrata que lideran el grupo sobre Centroamérica en el Congreso, afirma: “La débil gobernanza en los tres países ha ayudado al surgimiento de un corredor ilícito para el narcotráfico y el crimen organizado que comienza a solo 2,500 millas de la frontera sur-oeste de Estados Unidos. Estos crímenes no solo plantean una crisis para el cumplimiento de la ley y para los ciudadanos en su conjunto, pero también tiene implicaciones amplias para Centroamérica y más allá. Para Estados Unidos, la inseguridad y la actividad ilícita combinada con el impulso de migrantes hacia el norte hace de la región una prioridad de seguridad nacional”.

Por esta razón, por el cargo que hoy ocupa, por su interés y conocimiento de la subregión cuando era comandante del Comando Sur, y por ser uno de los grandes impulsores de la Alianza para la Prosperidad con el TNCA, el general John Kelly, secretario de Seguridad Interna de Estados Unidos, pareciera que liderará la nueva política hacia la subregión, debiendo ser nuestro mayor interlocutor y –ojalá– uno de nuestros mejores aliados. En una breve conferencia organizada por el Atlantic Council sobre la política hacia Guatemala, El Salvador y Honduras (4.5.2017), Kelly resumió todo así: “Y como resultado directo de ese pensamiento (impulsar el desarrollo económico en el TNCA) y como resultado directo del presidente Trump diciéndome de arreglar el problema de nuestra frontera sur-oeste, tendremos una gran conferencia en Miami a mediados de junio... Y como le dije al presidente Trump, asegurar nuestra frontera sur desde mi punto de vista comienza 1,500 millas al sur. Tenemos increíbles buenos socios en esa parte del mundo... para detener el flujo de inmigración ilegal y drogas... Si podemos mejorar las condiciones de las leyes y la vida de los hondureños, guatemaltecos, centroamericanos, podemos hacer muchísimo para proteger la frontera sur-oeste”.

Esa visión de la seguridad de Estados Unidos está centrada no solo en impedir la inmigración y retornar a los ilegales, sino también en arreglar los sistemas judiciales y las fiscalías contra la corrupción y el crimen organizado, y la promoción de inversión privada y los negocios para el desarrollo económico, para que los jóvenes encuentren trabajo en sus países y no tengan que irse a las maras o a Estados Unidos. Esa política busca aliados nacionales, regionales e internacionales, e intentará lograr consensos y apoyos de ambos partidos en el Congreso.

El reporte del Atlantic Council, preparado para esta conferencia con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), fue concebido como una guía para enfrentar los desafíos y dar respuestas que fortalecerían la seguridad nacional de Estados Unidos y la estabilidad regional. Están identificadas respuestas de Estados Unidos y del Triángulo Norte para: 1. construir un desarrollo económico sustentable; 2. construir instituciones judiciales; y 3. mejorar la seguridad. Y tiene una gran conclusión: un Triángulo del Norte más próspero y un Estados Unidos más seguro.

A quienes no les guste y ponen su esperanza en una eventual salida de Trump resultado de un eventual “impeachment” deben saber que el vicepresidente Pence lo sustituiría y que la continuidad de esa política permanecería, al menos mientras estén los republicanos en control de la Casa Blanca y del Congreso.

A los tres países del norte de Centroamérica, el Gobierno, el Congreso y los institutos de investigación nos ven como Estados casi fallidos que sin la intervención, conducción y apoyo de Estados Unidos nos deterioraríamos aún más. El reporte concluye diciendo: “Esto es lo que se necesita para alterar profundamente el curso de la región. Si no, estaríamos condenados al deterioro continuo de la economía local, del imperio de la ley, y de la seguridad con reverberaciones sentidas no solo localmente pero también al norte del Río Grande”. Estados Unidos tiene responsabilidades en la deplorable situación actual del norte de Centroamérica. Pero la responsabilidad principal recae en quienes han conducido los destinos nacionales.

El liderazgo político del cuarto de siglo de posguerra ha fracasado completamente y está históricamente agotado. Muchos entre ellos siguen pensando en pajaritos preñados o en elefantes que vuelan de flor en flor...
 

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