La ola conservadora

En El Salvador y Centroamérica (con excepción de Costa Rica) fuimos gobernados por regímenes dictatoriales y autoritarios desde los inicios de la década de 1930, hasta los fines de la década de 1980.
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Comenzando con el golpe de Estado del general Martínez, y terminando con el golpe de Estado al general Romero.

En la segunda mitad del siglo XX, surgieron los movimientos revolucionarios armados y los movimientos de masas. Después del triunfo de la revolución cubana en 1959 hubo otros dos grandes movimientos insurgentes en Centroamérica: el segundo movimiento revolucionario triunfante en América, con los Sandinistas en Nicaragua en julio de 1979; y el FMLN en El Salvador, que logró un acuerdo negociado con la firma de los Acuerdos de Paz en 1992. En el resto de América Latina se impuso el poder tradicional conservador a sangre y fuego.

Luego, con el llamado Consenso de Washington, el economista John Williamson planteó en 1989 diez fórmulas para resolver la crisis de los países en desarrollo. Entre otras cosas planteaba: la reducción del Estado, la expansión de las fuerzas del mercado, una política fiscal, la reducción del gasto público en subsidios y la privatización de empresas estatales. En El Salvador la ola privatizadora se desarrolló durante la década de 1990, comenzando con la privatización de la banca en el gobierno de Cristiani y continuando en los gobiernos de Calderón Sol y Flores, con la privatización de las pensiones, las telecomunicaciones y la dolarización.

Las fórmulas privatizadoras no dieron el resultado esperado; por el contrario, aumentaron la brecha entre ricos y pobres. Por eso, a la ola privatizadora le siguió la ola progresista en Latinoamérica. En Suramérica, comenzó durante la década de 1990 y continuó con la de 2000; en Venezuela, Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Ecuador, Perú, Bolivia y Paraguay. En Centroamérica, en forma tardía, ganaron las elecciones el FSLN con Daniel Ortega en 2006 y se reeligió en 2011; y el FMLN con Funes y Sánchez Cerén en 2009, y volvió a ganar con Sánchez Cerén y Ortiz en 2014.

Ahora, la ola del progresismo retrocede y la ola conservadora avanza en Suramérica. Porque los gobiernos de izquierda no hicieron bien la tarea, no llenaron las expectativas que le generaron a los pobres. El problema no es que se deslizaron hacia el centro políticamente; o que buscaron acuerdos de gobernabilidad con empresarios y sectores políticos de derecha. El problema ha sido el caudillismo y autoritarismo de los partidos y sobre todo, la falta de transparencia y eficiencia de los gobiernos. En Brasil están siendo acusados de corrupción, el expresidente y la presidenta del PT; y en Argentina, la expresidenta peronista. En Venezuela, el presidente tiene serios problemas para gobernar. Y la ola conservadora ha cobrado fuerza, con el triunfo de Macri en Argentina.

¿Pasará lo mismo en El Salvador y Nicaragua? No necesariamente. Quizá, porque aquí comenzamos tarde y no sufrimos los mismos males. En Nicaragua Ortega aún se encuentra fuerte. Y aquí, el gobierno ha comenzado a tener resultados en contra de la criminalidad, que de ser sostenibles, pueden volverse irreversibles. Y, si además el Frente da muestras de transparencia, austeridad y voluntad de combate a la corrupción, podría volver a ganar las elecciones.

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