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La opinión ciudadana está cada día más alerta frente a las decisiones que vienen

Todos deben tomar la debida conciencia de que cualquier aventurerismo electoral sería profundamente riesgoso para la nación entera, como se ha constatado en otros países que entraron así en un círculo de crisis del que es muy difícil escapar.
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Los tiempos electorales, sobre todo en lo que se refiere a la decisión ciudadana en las urnas sobre el próximo relevo presidencial, son cada vez más extensos en la realidad, y eso no responde a voluntades partidarias sino a la dinámica de la competencia misma. Esto constituye un signo de democracia en acción, ya que en ésta el ejercicio de los pesos y de los contrapesos nunca deja de estar presente. Pero esto, por supuesto, tiene momentos; y el momento en que estamos permite identificar señales sobre las tendencias de la voluntad popular, aunque desde luego el tiempo que falta, que es más de un año para llegar al día decisivo, irá sin duda mostrando matices derivados de quiénes sean los candidatos y de lo que éstos y sus partidos proyecten de cara a la ciudadanía electora.

La más reciente encuesta de LPG DATOS, realizada en los últimos días de noviembre, muestra, en primer término, un panorama sobre las preferencias ciudadanas en relación con los partidos o con los movimientos que propongan candidatos. En ese panorama, ARENA va a la cabeza, con un candidato no partidario en segundo lugar y el FMLN en tercera posición. Como es previsible, un 34.5% de los encuestados no expresa preferencias ahora mismo, lo cual indica que esa mayoría de votantes está esperando el desarrollo de la campaña para definir su voto. Esto es lo normal, aunque en esta ocasión hay un elemento nuevo, que habría que tener muy presente: una figura no partidaria, que emerge con bastante impulso, y que, de mantenerse en esa condición, podría significar un cambio en el esquema tradicional dominado por los dos partidos –ARENA y el FMLN– que vienen estando a la cabeza desde el inicio de la posguerra.

Un dato también muy relevante que resulta de la encuesta aludida es el que se refiere a cuál será el factor más determinante a la hora de decidir; y ese factor es el perfil del candidato. De inmediato llama la atención el juego de los factores: el factor candidato alcanza el 34%; el factor propuesta, el 26.4%; el factor ideología, el 12.2%; y el factor partido, el 7.9%. Lo anterior grafica de manera elocuente lo que está pasando y pesando evolutivamente en el ánimo del electorado. El hecho de que la ideología y el partido vayan siendo cada vez menos significativos indica que lo que la ciudadanía necesita es confianza y motivación, que son las que pueden surgir de una figura que convenza y de un proyecto que anime.

Esto significa que el electorado está dispuesto a decidir conforme a lo que hoy se le presente y no por reflejo de lo que ha venido ocurriendo en eventos electorales anteriores. Para los partidos políticos es una coyuntura de prueba, sobre todo porque lo que el sistema y el proceso del país están demandando en forma intensiva es estabilidad con visión y con proyección. Todos deben tomar la debida conciencia de que cualquier aventurerismo electoral sería profundamente riesgoso para la nación entera, como se ha constatado en otros países que entraron así en un círculo de crisis del que es muy difícil escapar.

Lo que queremos ver en los meses que vienen es un despliegue de estrategias electorales que no sean meros malabarismos de ocasión, sino que constituyan el anticipo confiable de lo que esté por venir. El país no puede darse el lujo de ningún traspié ni de ningún estancamiento. Por el contrario, las elecciones deben ser buenas apuestas de futuro.

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