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La otra crisis fiscal de los años treinta en El Salvador

En El Salvador, la crisis mundial de los años treinta, especialmente la agonía arrastrada antes de 1929 y principios de los años treinta, no fueron la excepción para también observar problemas de un acuerdo entre los sectores público y privado.
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Básicamente en 1929, el país estaba entrando a una crisis similar a la de nuestros días, era difícil ajustar un plan de sostenibilidad, pagar al sector público, etcétera. Tan grave era la situación, que incluso tanto en el pasado como en gran parte de nuestro tiempo presente, la economía era autóctonamente agricultura, los medios de producción eran casi decadentes, dependientes de factores externos, pero en el pasado no existía un Banco Central de Reserva Nacional para dictar políticas monetarias y económicas, por ejemplo, había alta fluctuación de cambios en la moneda y dependencia de servicios externos.

Al recibir el gobierno el general Maximiliano Hernández Martínez, nuestro país venía arrastrando problemas financieros. Para muestra de un ejemplo, según las diversas “memorias” de datos por parte del Ministerio de Hacienda de El Salvador, en una de estas memorias se cita que en “cierto año”, El Salvador le habría comprado a Estados Unidos de América ¢175,272,532.00 y vendido ¢78,883,637.00 (colones salvadoreños), evidentemente un balance desfavorable. La metodología de cómo se negociaba la deuda pública, comercio, etcétera, en ese entonces estuvo expuesta durante 11 largos años, la cual cambió en 1932, cuando se firmó el 12 de marzo de 1932 la Ley Moratoria.

Las cifras monetarias dependían del valor negociado en el mercado internacional del café y políticas al sector industrial nacional e internacional. El Salvador habría vivido una crisis desde antes de principios de 1929, enmarcaba graves dificultades para alcanzar acuerdos políticos sobre empréstitos, de condiciones que incluyeran las deudas públicas como parte del Presupuesto General de la Nación (los egresos contemplarían un porcentaje alto con el propósito de amortizar deuda); eran condiciones sumamente onerosas que incluso abarcaba diversos agentes fiscales para que estos controlaran rentas aduaneras y al mismo Estado; impidiéndole operar libremente en cualquier disposición sospechosa de perjudicar acreedores extranjeros.

Paradójicamente, en la época del general Maximiliano Hernández Martínez, fue cuando se realizaron elecciones municipales y donde abierta y francamente surgió la participación del Partido Comunista de El Salvador (Sección de la III Internacional Comunista), la cual por primera y última vez promovía elecciones bajo el concepto de apoyo al “proletariado” y lucha de clases; es decir, existían partidos políticos abiertamente clasificados ya fuese como capitalistas o comunistas, ciertamente la palabra “socialismo no existía o no era utilizada”.

Diversas décadas han pasado desde la época de 1930, tiempos en que El Salvador ofreció cambios hacia el crecimiento económico, control de crímenes y delincuencia común, positivismo al pago de la deuda pública como algo único en la historia de El Salvador, construcción de edificaciones públicas imponentes para uso institucional (incluidas presas hidroeléctricas, puentes, carreteras), cajas de crédito, programas sociales diversos, fundación de asociaciones del café, algodón, etcétera, todas siendo obras realizadas bajo un Gobierno ajeno a la corrupción y lo que hoy en día se observa en otras regiones del mundo.

En El Salvador no deberíamos considerar en función de qué un Gobierno realiza bien o mal la administración pública, no obstante lo que sí debemos evaluar es la forma actual de ejecución a diversos programas que obviamente no es efectiva y necesita cambios.

¿Cuándo El Salvador seleccionará nuevamente líderes natos? Ya los hemos tenido, de hecho algunos actualmente hacen gobierno, pero se necesita reestructurar un plan de trabajo con visión de país. El Salvador demanda ideas frescas y sostenibles en materia política, social, etcétera. La unión, acción conjunta de país y demanda de cambios excepcionales es clave.

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