Lo más visto

La otra cruzada

Enlace copiado
Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Enlace copiado

El jueves anterior, y coincidiendo con el Día Mundial del Agua, el Consejo Nacional de Sustentabilidad y Vulnerabilidad (CONASAV), creado por decreto ejecutivo, hizo entrega oficial al señor presidente de la República del “Plan El Salvador Sustentable”. Este es el producto de un trabajo que llevó casi un año y medio en el que participaron actores calificados de la sociedad de diferente procedencia, liderados por la Secretaría de Gobernabilidad y el MARN. Su desarrollo tuvo un respaldo incondicional de la cooperación internacional, particularmente la española, del PNUD y organismos del sistema interamericano.

Producir este Plan no fue una tarea fácil. Pero el tiempo invertido y la actitud proactiva de los participantes constituyen una expresión clara de su compromiso frente a un enorme desafío que debemos enfrentar unidos para no seguir poniendo en riesgo la calidad de vida de todos. El documento no plantea fórmulas mágicas, pero tampoco lanza frases al viento para enfrentar un problema que tiene a la base el desarrollo humano integral de los salvadoreños, en un momento en que nos encontramos frente a otros grandes desafíos como país, que no son ajenos, por supuesto, a lo que está ocurriendo en el mundo exterior, donde el cambio climático se erige como una de las grandes amenazas para toda la humanidad. En este contexto, es preciso recordar que El Salvador, con sus fronteras geográficas muy limitadas y una presión demográfica de las más elevadas del mundo, no ha sido ajeno a los daños colaterales asociados con pautas de desarrollo poco amigables con la naturaleza.

De hecho, ocupamos los primeros lugares a nivel planetario por la alta vulnerabilidad ambiental, donde nuestros mantos acuíferos languidecen, las otrora cristalinas aguas de nuestros ríos y lagos se encuentran totalmente contaminadas y el verdor de nuestros bosques ha dado paso a paisajes agrestes; mientras buena parte de nuestra fértil campiña ya está dando señales que apuntan a una preocupante desertificación. Y todo ocurre en un país que eventualmente fue considerado como bendecido por la naturaleza, porque exhibía niveles óptimos de precipitación atmosférica. Pero se da también, en un contexto donde 195 naciones se comprometieron para salvar al mundo de una catástrofe debido al cambio climático y el calentamiento global. Nos referimos al Acuerdo de París, hoy repudiado por la actual administración estadounidense, pero con el compromiso del resto de no dar marcha atrás, acompañados por Estados, grandes ciudades y centros de investigación de la propia Unión Americana, que no comparten la visión del señor Trump.

Hojear el documento, al cual solo hicimos aportes marginales, es plantearse la exigencia de iniciar una verdadera cruzada nacional para enfrentar y minimizar los efectos desastrosos de prácticas y acciones que nosotros mismos hemos generado. Pero estos desafíos tienen en el horizonte el objetivo de dejar a nuestros descendientes un país donde la vivencia plena de la democracia, el crecimiento sostenido con equidad y la paz social tengan como asidero el compromiso ético y moral que asumieron sus ancestros para que sus propias vidas sean reconfortadas por el rescate de la madre naturaleza, aquella que dio paso a nuestra propia existencia. Hoy que nuestra patria necesita unir fuerzas y voluntades para forjar un mejor futuro, el “Plan El Salvador Sustentable” solo es el comienzo de un esfuerzo continuado que tiene a la base un consenso social que debería convertirse en referente para las otras grandes tareas que tenemos como país.

Lee también

Comentarios