La otra izquierda...

La realidad política latinoamericana a través de las disonancias ideológicas nos indica que hay una diversidad de “derechas” y de “izquierdas”; más allá de los postulados que generan la divisoria entre el Mercado y el Estado o los principios de libertad versus igualdad encontramos una profunda crisis en el pragmatismo partidario y en las conductas políticas de los gobernantes; y es que América Latina ha sufrido de todo: desde dictaduras militaristas, pasando por experimentos neoliberales hasta revoluciones socialistas... pero la realidad de pobreza, exclusión y corrupción poco ha cambiado. Y lamentablemente no se salva nadie... Desde los desastres políticos en Nicaragua, Honduras, Brasil o Venezuela, hasta las democracias más preciadas como la uruguaya o chilena, se da un paso hacia adelante y tres para atrás.

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Óscar Picardo Joao / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Frente al mercantilismo voraz de las privatizaciones y del rebalse que no fue... se plantó una izquierda solidaria, revolucionaria y sobre todo ética; pero en la mayoría de casos, salvo en rarísimas excepciones, la mayoría de líderes cayeron en la trampa del mercado y se transformaron –como Pigmalión– en lo que criticaban: pequeños y grandes burgueses. El dinero los corrompió... y ejemplos sobran en todos los rincones del continente.

Recientemente, en el cierre del XXXI Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología, organizado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), salvando las apologías al fracaso de la ética de la izquierda surgió la voz sensata de Pepe Mojica, un hombre –como Schafik Hándal– firme en sus ideas y consecuente con su forma de vida, y entre otras cosas planteó algunos desafíos para pensar:

“La condición humana vive un permanente duelo en la historia producto del egoísmo propio de la persona (...) Lo gregario del ser humano lo llevó a construir mitos, civilización, depredación, solidaridad”.

“El vivir en sociedad nos trae problemas y un inmenso repertorio de soluciones (...) Nunca estaremos derrotados, porque nunca triunfaremos definitivamente...”.

“Los sistemas terminan creando una cultura subliminal que sobre pasa los sistemas educativos (...) Felicidad y sobriedad son clave, frente al consumismo desmedido”.

“La política no es una profesión, sino una necesidad casi biológica para solucionar o administrar los conflictos de la sociedad (...) Somos hijos de Robespierre, pero también del sentir...”.

“La forma de vivir tiene que expresar la forma de pensar: Puedes optar en vivir como piensas, o terminarás pensando cómo vives (Ética) (...) Somos imperfectos, pero tenemos una lucha dentro de nosotros. No vamos a crear un mundo mejor si no luchamos dentro de nosotros...”.

“No hay personas insustituibles, lo insustituible son las causas (...) Eres libre cuando hacen con el tiempo de tu vida lo que a ti te motiva, cuando cultivas tus afectos, tus emociones, tu familia, tus amigos”.

La izquierda contemporánea –post 1989– debe decidir a qué tipo de modelo le apuesta respondiendo al menos estas preguntas éticas:

¿Puede o no la izquierda convivir con la empresa privada?;

¿Su rol se centra en garantizar opciones económicas para los ciudadanos con reglas fuertes de mercado o controlando absolutamente los medios de producción?; y

¿Frente a qué izquierda estamos?

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