Lo más visto

Más de Opinión

La participación ciudadana es clave para vitalizar el ejercicio democrático

Cada vez va quedando más atrás el tiempo en que los ciudadanos eran presencias pasivas, que estaban cotidianamente a merced de los intereses y de los dictados del poder. Una de las virtudes más evidentes de la dinámica democrática se centra en eso: en hacer que los ciudadanos vayan asumiendo su rol como fuerza primaria dentro del quehacer nacional.
Enlace copiado
Enlace copiado

La democracia es mucho más que un régimen concentrado en lo político, aunque desde luego es en esa dimensión donde el ejercicio democrático se manifiesta de modo más notorio. En verdad se trata de un esquema de vida que abarca prácticamente todas las áreas del quehacer humano en sociedad, y es por ello que cuando hablamos de democracia tenemos que referirnos insoslayablemente a una dinámica que se proyecta hacia todos los rumbos de la conducta tanto individual como colectiva. En tal sentido, el factor participativo se vuelve clave para asegurar que el régimen funcione como se tiene previsto que lo haga conforme a su lógica propia, y a eso hay que apuntarle en forma convencida y decidida, con el fin de darle la mayor consistencia posible al proceso en marcha.

El término democracia participativa ha surgido con el propósito de insuflarle sentido social a la democracia representativa, pero las experiencias derivadas de la actividad democrática en concreto demuestran que lo que en verdad se necesita es que la ciudadanía ejerza su función participativa en forma directa y constante, para que la realidad vaya volviéndose plataforma realizadora de lo que la gente siente, piensa, anhela y demanda. Cada vez va quedando más atrás el tiempo en que los ciudadanos eran presencias pasivas, que estaban cotidianamente a merced de los intereses y de los dictados del poder. Una de las virtudes más evidentes de la dinámica democrática se centra en eso: en hacer que los ciudadanos vayan asumiendo su rol como fuerza primaria dentro del quehacer nacional.

La sociedad civil en nuestros días va ganando vitalidad organizativa, y así vemos cómo desde el seno de dicha sociedad van emergiendo iniciativas de cambio que en otros momentos hubieran sido inimaginables. No es casual que en las más variadas encuestas de opinión pública se manifieste de modo persistente el cuestionamiento sobre el rumbo que lleva el país. En significativa mayoría la población expresa que vamos por el rumbo incorrecto, de ahí que esté abierta la interrogación sobre cuál sería el rumbo correcto; y todo apunta a que lo que la ciudadanía reclama es más atención institucional a sus necesidades y a sus aspiraciones.

Lograr lo anterior exige que la participación ciudadana vaya pasando a ser, en forma sistemática, un activismo propositivo de amplio alcance, que mantenga a la organización política y al ejercicio representativo en permanente alerta, en virtud de las responsabilidades que les son propias. Las épocas en que el poder se sentía arropado por sí mismo, sin tener que dar cuenta de ello, ya no son replicables en el presente, y eso debe ser colocado en la balanza de la realidad como un signo de avance irreversible hacia nuevas prácticas de vida.

Nuestro proceso democrático, que nació al mismo tiempo que el conflicto bélico tomaba posición en el terreno, ha logrado sostenerse en medio de muchas adversidades; y el factor principal para ello ha sido la voluntad ciudadana, que se ha sobrepuesto a todos los peligros y desajustes de manera ejemplar. Es una lección que hay que poner en la primera línea de las tareas del presente y de los requerimientos del futuro.

Lee también

Comentarios