La polarización es un mal endémico que le impide al país transitar en forma natural la vía de la seguridad y del progreso

Nuestra realidad ha venido marcada por diversas formas de polarización en el curso del desenvolvimiento histórico, todo ello derivado de la falta de democracia real que caracterizó al sistema vigente desde siempre. Al mantener viva la división sociopolítica y socioeconómica proveniente del manejo excluyente del poder, todo se fue contaminando de virus polarizantes.
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En todas partes se está haciendo cada vez más visible el fenómeno de la polarización política, que es sólo una de las formas de la misma, ya que las raíces más profundas de esta distorsión tan generalizada se hallan en la psique colectiva según ésta se va desenvolviendo progresivamente, al vaivén de las circunstancias de cada época y lugar. El atrincheramiento de las mentes trae consigo el atrincheramiento de las ideas; y desde ahí se generan las condiciones para que haya un choque permanente que se disfraza de mil maneras, pero que en el fondo es la imposibilidad aprendida y arraigada de aceptar la diversidad en todos los órdenes. Las diferencias humanas son evidentes y naturales en sí; lo que se vuelve destructivo es el tratamiento artificial de tales diferencias. Y ahí está la fuente nutricia de la polarización.

Nuestra realidad ha venido marcada por diversas formas de polarización en el curso del desenvolvimiento histórico, todo ello derivado de la falta de democracia real que caracterizó al sistema vigente desde siempre. Al mantener viva la división sociopolítica y socioeconómica proveniente del manejo excluyente del poder, todo se fue contaminando de virus polarizantes, hasta el punto que se dieron las condiciones para que la división pasara a ser conflicto bélico en el terreno. Así llegamos a la guerra, que es la forma extrema de la polarización en los hechos; y que afortunadamente pudo ser resuelta por la vía menos conflictiva de todas, que es el acuerdo político sin vencedores ni vencidos.

Superado el conflicto armado y abierto como nunca antes el escenario para la participación y la competencia democrática sin exclusiones, todo hacía creer que El Salvador estaba pasando rápidamente a una nueva forma de hacer política y por consiguiente de administrar desarrollo; sin embargo, los resabios mentales e ideológicos de la larga época conflictiva, acumulados y apelmazados en el ambiente, quedaban ahí, y el hecho de que las dos fuerzas políticas principales provinieran directamente de los primeros tiempos de la guerra hacía más factible la supervivencia activa de dichos resabios. Lo seguimos viviendo ahora, y es tiempo más que sobrado de reconocerlo, analizarlo y superarlo, conforme a la lógica propia del presente.

En esta era de multipolaridad global, ya ninguna polarización puede erigirse en esquema de vida con capacidad de permanencia. Y esto se aplica tanto a lo internacional como a lo nacional; y por eso está tan fuera de lugar la tendencia polarizante que parece recobrar impulso en distintas formas y en diferentes zonas del mundo. Es como si se quisiera vivir contra el sentido de los tiempos, lo cual augura muchos fracasos en el camino. Aun en países con estabilidad tan afianzada como es Estados Unidos se ven repuntes de polarización. Todos necesitamos, pues, dejar atrás toda forma de neurosis regresiva, para pasar a hacernos partícipes de veras del nuevo orden mundial y nacional que el proceso histórico va empujando tras bambalinas.

En lo que a nuestro país se refiere, la polarización está tan desgastada que ya no es capaz de reponer ninguna de sus antiguas energías. Por el contrario, la misma problemática que cargamos empuja hacia formas de racionalidad interactiva, que no se base en ideas ni en posiciones sino en proyecciones y en compromisos. Ojalá que más temprano que tarde todos acaben por entenderlo y por aceptarlo.

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