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La política como profesión

Existen tres formas mediante las cuales podemos hacer política: 1) como político ocasional; 2) como profesión secundaria; 3) como profesión principal. La mayoría de ciudadanos salvadoreños somos políticos ocasionales, lamentablemente, porque nos limitamos a votar en elecciones, a apoyar a ciertos candidatos o a dar nuestra opinión de vez en cuando.
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Los que hacen política como profesión secundaria muchas veces son parte de grupos de presión o lobistas, los cuales sustraen su influencia política de sus ingresos materiales debido a su profesión principal. Los vemos mucho cerca de quienes crean las leyes y ejercen el poder, aquellos que no salen en las fotos, pero sí en el espíritu de los acuerdos.

Y existen los individuos que asumen la política como profesión principal, pero estos son mucho más complejos de describir. Por lo tanto, es necesario dividirlos en dos clases, así como lo hacía Max Weber en 1919, los que viven “para” la política y los que viven “de” la política.

Me gustaría aclarar en este punto que toda persona seria que vive para algo también vive de ese algo. A pesar de esto, la diferencia entre la primera y segunda clase de individuos se sitúa a nivel económico-social. Quien vive “de” la política la entiende como aquella fuente de ingreso y prestigio que tiene que ser estable, entiende a la política como su fin.

Por otro lado, quien vive “para” la política entrega su tiempo y energía para, en algún momento, llegar a tener la capacidad de influir, y esa influencia la utiliza para transformar su realidad. Entiende la política como un medio.

Así se consagran por lo menos tres características psicológicas que son decisivamente importantes para una persona que asuma esta profesión viva “para” la política. En primer lugar, la pasión, aquel sentimiento que mueve las acciones, aunque aparezca el cansancio, la duda y la incertidumbre.

En segundo lugar, el sentido de responsabilidad, porque la pasión por sí sola no logra que un político esté al servicio de una causa y tampoco logra que esa causa sea el horizonte de sus acciones.

En tercer lugar, la mesura, teniendo la capacidad de dejar que la realidad actúe sobre él sin perder el recogimiento y la tranquilidad. La capacidad de abstraerse de los problemas, no para ignorarlos sino para buscar respuestas racionales a estos.

Algunos políticos profesionales salvadoreños populares han cometido el error de no practicar esta cualidad, dejando la lucha con un enemigo trivial pero muy humano. Al dejar de aplicar la mesura sobre sí mismos y caer en el error de convertir una causa en la pura embriaguez personal de la vanidad.

Todo lo anterior lo he planteado no con el objetivo de dar respuestas, sino más bien de plantear algunas preguntas incómodas con respuestas que nos toca asumir a todos y cada uno de los habitantes de El Salvador.

1 - ¿Cuál queremos que sea nuestra forma de ejercer la política como ciudadanos?

2 - ¿Queremos políticos profesionales que vivan “para” o “de” la política?

3 - ¿Tenemos nosotros la pasión, el sentido de responsabilidad y la mesura para enfrentar los actuales desafíos en El Salvador?

4 - ¿Qué hito histórico, parteaguas o catástrofe estamos esperando para asumir la responsabilidad?

5 – Todos sabemos las preguntas, pero díganme, ¿cuáles son sus acciones, ciudadanos, ante esta sociedad resquebrajada que le llamamos hogar?
 

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