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La política: lo más repudiable y relevante para la convivencia y el progreso de las naciones

Coincidió el inicio y primeras tres décadas del nuevo siglo con el desencanto y repudio más profundo de la política que la humanidad haya experimentado desde el surgimiento de la democracia.

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Este sentimiento está vinculado a una profunda crisis de los partidos políticos y a la ausencia de liderazgos democráticos, visionarios y estadistas para el profundo y prolongado cambio de época en el que estamos inmersos. Al dejar la política y el poder a quienes no tienen ni la preparación, la experiencia, ni la ética, ni las capacidades para conducir las responsabilidades de gobierno y de la oposición, los pueblos, sin quererlo y sin saberlo, se vuelven víctimas de los peores desmanes, crisis y tragedias.

Ante democracias de tan baja institucionalidad y capacidad de gestión, y tan alta corrupción e impunidad, el hartazgo de y repudio a los políticos ha llegado a niveles muy altos. Después de dos décadas de “hegemonía neoliberal” observamos el surgimiento de liderazgos mesiánicos y populistas cuya gestión terminó siendo igual o peor que las gestiones del período anterior. Después de década y media de “hegemonía populista” con sus considerables legados de corrupción, crisis social, endeudamiento público e incapacidad, la derecha ha comenzado a volver a gobernar, comenzando a cambiar progresivamente el péndulo latinoamericano del gobierno y del poder. Este coincide con el recambio generacional en la política y en las élites empresariales en medio de la desconfianza y escepticismo más generalizado de los pueblos en esta era post-moderna.

En nuestros países, los partidos y sus líderes se constituyeron en el eslabón más retrasado de todas las instituciones democráticas. Siendo la fortaleza de un sistema igual a la de su eslabón más débil, el sistema democrático es tan fuerte como lo es su sistema de partidos, origen –además– del atraso, corrupción e incapacidad del resto de instituciones democráticas. La globalización y la “gobernanza global” impulsaron cambios y modernizaciones en casi todo, exceptuando el factor más importante para gestionarlas, la política.

Algunos gobiernos y líderes internacionales más ilustrados, algunos empresarios y medios de comunicación social más visionarios, algunas organizaciones internacionales multilaterales, además de los institutos políticos internacionales en Estados Unidos, Alemania, España, Holanda y Suecia, están llamados a replantearse con más consistencia y renovados compromisos incidir en el cambio de la política.

Mientras el retraso e incapacidad de los partidos se profundiza internacionalmente, el rechazo de los dos principales nuestros alcanzó al 70 % de los ciudadanos que quieren que uno deje de gobernar y que el otro no regrese. Pero el repudio generalizado de los políticos y sus respectivos partidos no conduce a nada. Se trata precisamente de cambiar la política, de fomentar el surgimiento de nuevos liderazgos, de impulsar la transformación de algunos partidos políticos y promover el surgimiento de otros, además, por supuesto, de ejercer la mayor y mejor contraloría en los funcionarios e instituciones de gobierno.

La conducción y transformación del Estado y el impulso y construcción del futuro es demasiado importante para dejársela a la vieja política. Vaya paradoja de la política, la vocación y profesión más repudiable y relevante a la vez, para la convivencia y el progreso de las naciones.

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