La política monetaria ausente

Cuando comenzó a plantearse el adiós a la política monetaria no se sospechaba el apoyo que esta le ofrece al sistema económico de cualquier país.
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El Salvador recién salía de la crisis de los ochenta y luego se desencadenaría un nuevo experimento sobre el cual aún no hay consenso, pues fue una decisión sin el apoyo de los partidos políticos que prevalecían en el ámbito institucional del país.

Hace casi 23 años que se discutía por primera vez la conveniencia de eliminar la política monetaria con el proceso de dolarización que se impulsaría ya por el año 2001 con la Ley de Integración Monetaria. Y es que los representantes del Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Central de Reserva (BCR) y el Ministerio de Planificación de El Salvador, en reunión sostenida en Washington el 15 de noviembre de 1994, se discutía la aplicación de esa medida con insospechadas consecuencias para la vida económica nacional.

¿Es vigente este tema de discusión o debe de quedarse en el olvido y sin la esperanza que el país vuelva a contar con instrumentos de política monetaria para viabilizar el crecimiento económico de la micro, pequeña, mediana y gran empresa nacional? ¿O no es cierta la potencia de la política monetaria para efectuar políticas sectoriales en el país? ¿Existen estudios técnicos que demuestran la inviabilidad de tener política monetaria en El Salvador? ¿Cuántos ha realizado el BCR?

Se olvidó que estaban en juego las oportunidades que ofrece la política monetaria en el sentido de crear riqueza, es decir de elevar los niveles de producción de cada una de las ramas o sectores productivos; de las oportunidades de tener tasas de interés favorables para la actividad productiva y al control de la inflación, hacerle frente a los shocks externos, en fin, de una serie de oportunidades que probablemente sean en términos de beneficios superiores a los costos y riesgos que hay que enfrentar como cualquier país del mundo que posee política monetaria propia.

Las palabras del representante del FMI ese 15 de noviembre de 1994 fueron más que elocuentes cuando afirmó “que El Salvador posee un buen récord de su política económica; reconoció que un país debe de convivir con el régimen de tipo de cambio que más le conforte, y afirmó que los países pueden tener éxito tanto con tipo de cambio fijo como con tipo de cambio flexible”. La experiencia internacional indica que los países que más rápido logran recuperarse económicamente frente a los shocks del entorno internacional son aquellos que poseen regímenes de tipo de cambio flexibles y no como el que actualmente posee El Salvador. Este tipo de debate no puede ser ideológico sino que empírico y que busque el interés nacional.

Muchos se preguntan si debemos seguir amarrados al patrón dólar, o muy por el contrario debemos aprovechar las nuevas oportunidades de nuevos socios comerciales y de esa manera estar abiertos a poseer un numerario que represente a las monedas de los socios comerciales con los cuales comercia el aparato económico salvadoreño. El Salvador no se puede dar el lujo de perder competitividad sin política monetaria frente al resto del mundo. Una economía pequeña sin respaldos fiscales es presa y vulnerable más que otros países del área centroamericana y del mundo. Los problemas estructurales que aún persisten en el país deben de ser enfrentados con la lógica racional de salvaguardar los intereses nacionales y no intereses particulares. No hay que olvidar que la responsabilidad de la institucionalidad del Estado es mostrar que cualquier medida de política es viable o inviable por el nivel de impacto a la sociedad.
 

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