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La política, y los nuevos “cultos” civiles

Antonio Gramsci, el teórico marxista italiano sobre quien alguna vez debatiremos con mi amigo Félix Ulloa, estando en prisión por órdenes de Benito Mussolini, escribió su obra “Quaderni del carcere”, en donde entre otras cosas replantea el papel de los intelectuales y la necesidad de infiltrar algunas instituciones, que para entonces habían sido enemigas de la revolución, como la Iglesia Católica y la Compañía de Jesús; y con ello, las religiones habrían empezado a ya no ser el opio de los pueblos, sino un aliado eficaz en contra de la odiada “empresa privada” y del comercio.

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José Miguel Fortín Magaña / Médico psiquiatra

José Miguel Fortín Magaña / Médico psiquiatra

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Hoy, noventa años después, la “Teología de la liberación”, sustentada, entre otros, por una buena porción de los miembros de la “Compañía de Jesús” (los Jesuitas) sostiene que el pueblo oprimido, guiado por un Cristo revolucionario al mejor estilo del Che Guevara, se liberará de la clase opresora; y que para hacerlo se debe establecer un nuevo orden social en donde la posesión de los recursos sea considerada inmoral y que la corrupción se iguale con el concepto de “las derechas”, en tanto “las izquierdas” serán siempre limpias y cercanas a los intereses de la población. Por esto, cuando algún funcionario o político de izquierda demuestra ser corrupto, inmediatamente se le tildará de derechista para desligarse de las consecuencias y continuar infiltrando el pensamiento de las masas.

En ese marco, en donde se identifica a los políticos corruptos siempre como una oligarquía y se considera a la democracia representativa como un mal que debe ser destruido, se llama a la población a no involucrarse en los actos parlamentarios de la “burguesía” y por esta razón confluyen en la petición de no votar, corruptos aprovechados y anarquistas, junto con teóricos marxistas, porque estos últimos ven una oportunidad acá, para empezar la destrucción del odiado “Estado neoliberal”, como ellos le llaman.

Entonces, se aprovechan de nuevos grupos que han de salir en medio de la desesperanza de la población: los nuevos “cultos”; en donde se proclama al líder mesiánico como el redentor del pobre pueblo explotado, que debe luchar contra todo el “imperio del mal” que, según ellos, son los partidos organizados y aquellos que crean en la ley constituida. Igual que para Maquiavelo, para Gramsci, el fin justifica los medios; y se utilizará cualquiera, para conseguir el resultado deseado: troles, noticias falsas, promesas imposibles de cumplir, creencias distorsionadas y sobre todo, el ocultamiento de cuanto rodee negativamente al nuevo príncipe, como su verdadera religión o su concepción sobre la vida o la familia; y una pertinaz tendencia a ir en contra de la transparencia. En ese nuevo “culto” civil, al final se busca sustituir al viejo orden; y establecer un reinado absolutista en donde solo el gran líder mande y sus esbirros destruyan a cuantos se le opongan.

Ojo, salvadoreños, que estamos en la víspera de la proclamación de un nuevo iluminado, que pretende confundir a sus seguidores mostrándose como un joven honesto, cuando es todo lo contrario; un dinosaurio maquillado y con tinte sobre las canas prematuras, pero acostumbrado a invocar los espíritus de otros marxistas ya fallecidos.

Después de las próximas elecciones, comenzará a circular la noticia de la formación del nuevo partido de ese oscuro personaje, que se rodea de todavía más siniestros asesores; pero no cuentan con nosotros, con el Pueblo, quienes unidos podremos impedirlo.

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