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La polvareda de los resultados aún enceguece a los analistas

El tamaño del compromiso que la población delegó en Nuevas Ideas será difícil de asumir sin una recomposición y eventualmente una purga. Es que los principales pesos muertos del proyecto de control social y ascenso económico de Bukele continúan ahí: los excesos de algunos funcionarios que forman parte de su círculo cercano y la ya proverbial intolerancia del mandatario.

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Los resultados electorales han levantado una polvareda que impide avistar el horizonte. Incluso desde el oficialismo, que parecía tener clara la sucesión de acciones en su ascenso al Legislativo, el tamaño del compromiso que la población delegó en Nuevas Ideas será difícil de asumir sin una recomposición y eventualmente una purga. Es que los principales pesos muertos del proyecto de control social y ascenso económico de Bukele continúan ahí: los excesos de algunos funcionarios que forman parte de su círculo cercano y la ya proverbial intolerancia del mandatario.

El escrutinio continúa pese al ridículo protagonismo de algunos funcionarios, patética especie de fuerza de choque emanada del gabinete, empleados públicos que en horas laborales prefieren hacer las veces de activistas del voto. Detrás de las actuaciones de estos personeros, uno de ellos autor de un acto chocarrero que lo perseguirá por siempre, se manifiesta la falta de confianza en los cuadros y en el secretario general de ese partido para impulsar las demandas hechas al Tribunal Supremo Electoral. Sin algunos miembros de la plana mayor del gabinete metida in situ haciendo el lobby con los magistrados -ahora amanuenses del presidente de la República-, quizá Nuevas Ideas no habría conseguido sentar a su gente en las juntas municipales. Sin ellos y sin la voluntad de tres de los cinco magistrados de modificar el instructivo por puro cálculo y conveniencia personales.

Por primera vez desde el último de los infames gobiernos de Conciliación Nacional, El Salvador es gobernado por un partido oficial. Por inédita ocasión, esa fuerza no es la que llevó al poder al presidente, sino el instituto formado posteriormente a su imagen y semejanza. Y las peculiaridades no concluyen ahí: el tal partido puede terminar siendo irrelevante en lo que al ejercicio del poder respecta, a diferencia de lo que hicieron el PCN y luego suyo ARENA y el FMLN. No es un elogio para esos partidos, que vaciaron base partidaria en el aparato del Estado, pero tampoco es un elogio para este. La dirección de Nuevas Ideas está condenada a la irrelevancia, desplazada por la nueva tecnocracia que servirá como guardia pretoriana al mandatario.

No todos los funcionarios del círculo cercano a Bukele entrarán al juego; algunos cederán a la erosión de imagen, a la sobreexposición y a las consecuencias, administrativas cuando menos, de las decisiones que tomaron durante la pandemia. Que Bukele ya no necesite de capital político una vez ganado el parlamento, que sea a la vez indemne e indiferente a la inevitable pérdida de enteros de popularidad son malas noticias para los ministros, secretarios y demás fauna de su corte, en particular para los más vulnerables. El cálculo político con que el círculo ya no cercano sino íntimo del presidente destrozó a sus contendientes electorales comenzará entonces a operar hacia adentro.

La bruma que todavía impide a los centros de pensamiento civil, a la dirigencia de los partidos derrotados y a la academia entender el tamaño de lo ocurrido, sus implicaciones y qué tanta democracia cabrá en el rediseño del poder político también enceguece, por estas razones tan diferentes, a los actores del oficialismo. Sin saber qué les espera en la recomposición de los próximos días, algunos y algunas se esmeran en hacerse notar, aun de modo ridículo, para no perder el volátil favor de su señor.

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