La presencia de Couture

Ante la presencia del pensamiento jurídico de un maestro, de un jurista de verdad, con él afirmamos: “El proceso es, por sí mismo, un instrumento de tutela del Derecho. Lo grave, se ha dicho, es que más de una vez, el Derecho sucumbe ante el proceso y el instrumento de tutela falla en su cometido.
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Esto acontece con frecuencia por la desnaturalización práctica de los mismos principios que constituyen en su intención, una garantía de justicia; pero en ocasiones es la ley procesal la que por sus imperfecciones priva de la función tutelar”.

En efecto el Código Procesal Penal derogado y el ahora vigente parecen formulados como programación de impunidad por su ineficacia, debido a los vacíos y contrasentidos y por la discrecionalidad autorizada en toda la línea, en las actuaciones administrativas, cuasi-jurisdiccionales y jurisdiccionales, de todos los organismos del supuesto sistema de investigación y justicia penales.

Sin perjuicio de ignorar que el Derecho procesal “de acción” es inclasificable modernamente, habla el código de tres categorías y afirma falsamente que determina cuáles son los delitos proseguibles por acción pública de oficio, cuando solo indica los delitos por acción pública a instancia particular y los delitos por acción estrictamente privada. Semejante vacío por olvido o descuido ha dejado el imperativo que recae en el fiscal, sin soporte, y todos los juzgadores son de la vista gorda y en silencio, ya que para esa masa de “juristas” eso no significa ni causa nada.

Por otro lado, expresamente, desde la Constitución, el mismo código afirma que corresponde o compete al fiscal “la dirección, coordinación y control de la investigación” que realice la PNC; pero después, da a la PNC “la iniciativa” para investigar; asimismo este código llega al colmo de condicionar al fiscal para ciertas pruebas, que previamente pida autorización a los jueces, y no obstante que la Ley Orgánica de la Fiscalía afirma “la independencia” del fiscal.

A todo ese revuelón se suma: la más amplia discrecionalidad facultativamente otorgada, especialmente a los juzgadores, con abandono de la imperatividad normativa. Este señalamiento incomoda bajo la creencia de perderse poder, pero indudablemente, al decir el código que el juez “podrá”, en vez de “el juez deberá”, este al contrario, se debilita, es presa de las amenazas, pues la muralla de la fortaleza ha desaparecido y sustituida por la senda fácil que conduce a la impunidad.

Para algunos todos los señalamientos no representan problemas de leyes, ni son atendibles, a menos que el descubrimiento se diere por argentinos, colombianos, españoles, y de cualesquier otro origen. Para esos, que niegan la problemática Couture está fuera de época. Ahora imperan la malicia, los negociadores, y como dijo el poeta “la sociedad que adora su desdoro, persigue con su saña al criminal, mas si el puñal del asesino es de oro, enmudece... y el juez besa el puñal”.

No queremos concluir sin enunciar el concepto de los diez mandamientos del abogado formulados por Couture, que a mi parecer son más potentes que los de San Ivo y los de Osorio.

“1º Estudia; 2º Piensa; 3º Trabaja; 4º Lucha; 5º Sé leal; 6º Tolera; 7º Ten paciencia; 8º Ten fe; 9º Olvida; 10º Ama a tu profesión”. Durante el año 1985, en los meses iniciales, LA PRENSA GRÁFICA nos permitió formular nuestra interpretación respecto a algunos de los mandamientos evocados.

Nuestra intención, además del recuerdo por el credo couturiano, es obedecer su llamado, por la verdad, respecto a los puntos advertidos, y decirle a nuestros lectores, que, además de la problemática señalada, está la otra: aceptar que existe esa problemática, por aquellos de que depende atender soluciones y que las hay.

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