La prevención y la reinserción no pueden seguir quedando como tareas marginales

Hay en realidad dos tareas fundamentales que están pidiendo atención organizada, con la debida urgencia: ir contra todas las formas de actividad criminal desde sus raíces y crear condiciones eficientes para hacer que tanto la prevención como la reinserción puedan operar de veras.
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El crimen organizado va ganando relieve entre nosotros, hasta haberse convertido ya en un factor que incide al máximo en todas las condiciones y posibilidades del diario vivir. Este es un fenómeno que ya se volvió típico de la posguerra, y que lejos de ir desactivándose en el tiempo gana constantes ventajas a costa de la seguridad y de la tranquilidad de todos. Aunque haya tantas resistencias a reconocerlo, la verdad de las cosas nos pinta un panorama patético en las circunstancias actuales: la criminalidad avasalladora va poniendo a la institucionalidad en posición defensiva, por lo cual en tantos sentidos vivimos en un mundo al revés.

Ante la avalancha de los sucesos cotidianos que se vinculan al accionar delincuencial en todas sus formas, la institucionalidad pública, y en especial la más directamente obligada a velar por el imperio de la ley y por el mantenimiento del orden público, se halla bajo constante presión ciudadana para que cumpla a cabalidad y a plenitud con sus responsabilidades propias. En ese sentido, puntos como la represión legal del delito y el castigo de las conductas que transgredan la ley, la prevención social de las conductas delincuenciales y la reinserción de aquéllos que opten por dejar atrás su pertenencia a estructuras del crimen, constituyen tareas insoslayables, que deben ser asumidas con la responsabilidad y la efectividad debidas.

Ni la represión legal a fondo ni la prevención eficiente ni la reinserción definitiva han sido tomadas verdaderamente en serio hasta la fecha; y de seguro la causa principal de que esto sea así consiste en que no se cuenta ni siquiera con un esbozo de plan integral para aplicarlo al fenómeno en su conjunto y a todas sus manifestaciones y complejidades en el terreno de los hechos concretos. Entendemos que prevenir la incorporación a las redes del crimen y la reinserción de los que han decidido salirse de dichas redes son tareas que presentan grandes dificultades prácticas y que requieren un avance estructuradamente progresivo y de largo alcance, y por eso justamente deben ser planificadas y activadas con toda la disciplina necesaria.

Hay en realidad dos tareas fundamentales que están pidiendo atención organizada, con la debida urgencia: ir contra todas las formas de actividad criminal desde sus raíces y crear condiciones eficientes para hacer que tanto la prevención como la reinserción puedan operar de veras. En puridad se trata de un mismo objetivo considerado desde distintos ángulos. Ya es hora más que sobrada de superar la dispersión institucional y de trascender los enfoques reductivos.

El tema prevención es de gran profundidad y amplitud, porque se trata de reconstruir condiciones de vida que no sólo satisfagan necesidades sino que promuevan futuro para todos los habitantes del país, y muy especialmente para los más jóvenes, que ahora tienen que salir a hacer vida propia en circunstancias tremendamente adversas. Solo las oportunidades reales y accesibles, en un ambiente renovado y seguro, son capaces de evitar las tentaciones del crimen o los impulsos del éxodo. Hacia ahí se tiene que avanzar, porque de lo contrario el país se seguirá hundiendo en su propia inoperancia.

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