La principal obligación de los que tienen a su cargo la conducción gubernamental es poner el interés del país sobre todo lo demás

En estos días, la crisis generalizada de los gobiernos izquierdistas e izquierdizantes que aún sobreviven en nuestra región hace que se activen iniciativas de autodefensa de lo indefendible, como es la petición de Nicolás Maduro para que se celebre en San Salvador una Cumbre de países del ALBA para apuntalar al régimen insostenible de Venezuela.
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Uno de los aprendizajes más decisivos para que el proceso democrático nacional pueda ir desenvolviéndose en forma normal y progresiva es el que se refiere a reconocer y aceptar los límites que rigen el ejercicio del poder, en cualquiera de las distintas áreas en que éste se ejerza; es decir, tanto para los que están en el gobierno como para los que están en la oposición, que en la democracia son posiciones que cambian conforme a la voluntad popular expresada en las urnas. Ese aprendizaje siempre es complejo, porque las tentaciones de lograr un control absorbente y excluyente nunca dejan de hacerse sentir, sobre todo en aquellos sectores políticos que tienen en su base una línea ideológica absolutista y totalitaria, como es el caso de la izquierda.

En estos días, la crisis generalizada de los gobiernos izquierdistas e izquierdizantes que aún sobreviven en nuestra región hace que se activen iniciativas de autodefensa de lo indefendible, como es la petición de Nicolás Maduro para que se celebre en San Salvador una Cumbre de países del ALBA para apuntalar al régimen insostenible de Venezuela. Y es que peticiones de esta índole no se dan porque sí, ya que el Gobierno de El Salvador viene defendiendo abiertamente por todos los medios a su alcance al chavismo que ya no tiene escapatoria en la ruta hacia el derrumbe total, dadas las condiciones de deterioro abrumador que se viven en aquel país que durante mucho tiempo fue una democracia de las más estables en América Latina.

El apoyo constante e indiscriminado que viene manifestando el Gobierno salvadoreño al régimen venezolano es ahora mismo un factor de riesgo cada vez más grave y nocivo para el país, en especial porque dicho apoyo puede dañar a fondo las relaciones entre El Salvador y Estados Unidos, que es un socio comercial decisivo, un aportante de ayuda de primer orden y el lugar de destino de más de 2 millones de salvadoreños migrantes, que le dan al país con sus remesas un sostén económico insustituible. Y todo esto puede irse desvaneciendo por el hecho de que el Gobierno y su partido están poniendo por encima del interés nacional el vínculo generado por el aporte económico que les proveyó en su momento el régimen chavista a manos llenas con la cobertura de una desfasada opción ideológica común. Lo que hay que evitar a toda costa es que el Gobierno, que nos representa a todos, se vuelva emisario de un interés particular.

Es muy importante para mantener la estabilidad de nuestro proceso, que ya tiene suficientes dificultades en su desarrollo, asegurar el predominio del bien común y del interés nacional sobre cualquier interés partidario, ideológico, de sector o de grupo, a fin de que se mantenga realmente vigente el esquema de pesos y contrapesos que resulta vital para la democracia. Propósitos de control total tanto sobre las instituciones como sobre los medios de comunicación, tal como se expresó en el Foro de Sao Paulo, que es un cónclave de regímenes de izquierda, son amenazas ciertas que no hay que perder de vista en ningún momento, para poder neutralizarlas a tiempo, ya que cualquier descuido al respecto puede ser fatal para el régimen de libertades y para la salud de la democracia.

Las fuerzas políticas deben cumplir con sus deberes democráticos fundamentales, independientemente de las líneas ideológicas que las caractericen. Y las instituciones y sus representantes tienen la obligación frontal de responder a esta exigencia básica.
 

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