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La problemática del país se vuelve cada vez más acuciante, pero en el plano político no hay avances que hagan avizorar soluciones

Cada quien, desde luego, tiene el derecho irrenunciable a sostener sus posiciones; pero lo que se demanda, porque la realidad así lo determina, es que el manejo de las mismas se haga de la manera más serena y responsable que sea posible.
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Casi en todos los planos de la vida nacional hay problemas importantes que están urgiendo tratamientos adecuados y desenlaces que respondan a la realidad de lo que se vive; sin embargo, lo que se viene viendo de manera sistemática es el estancamiento de los esfuerzos para avanzar por la vía que se requiere. El tema de la sostenibilidad fiscal es sin duda uno de los más apremiantes, porque se ha llegado a un punto en que no hay suficiente liquidez ni siquiera para el gasto diario de las instituciones, lo cual hace que los servicios fallen por todas partes y que la confianza en el buen desempeño del sector público se vaya desgastando de manera creciente, lo cual aumenta la inseguridad que ya está en niveles de ahogo nacional, de lo cual como siempre la más victimizada es la ciudadanía.

En estos días, el punto del Presupuesto General del Estado está sobre el tapete de las urgencias mayores, y se trata sin duda de un tema que tiene múltiples aristas, porque se ha ido estableciendo la práctica de los presupuestos desfinanciados y eso hay que corregirlo en forma inteligente para que el país no se mantenga en la tortuosidad de lo que es y no es al mismo tiempo. El centro de tal distorsión consiste en el propósito de disfrazar la necesidad de financiamientos por la vía crediticia, que requiere mayoría calificada; es decir, los votos de los dos partidos mayoritarios, que prácticamente siempre han estado en pugna al respecto. Es hora de entrar en una práctica que sea a la vez sincera y sostenible, y a eso se tendría que encaminar la tarea del entendimiento.

ARENA y el FMLN se pusieron de acuerdo hace un par de meses en aprobar un endeudamiento por 550 millones de dólares para el pago de deudas, y se llegó a un Acuerdo marco para la sostenibilidad fiscal. Ahora, al estar buscándose la aprobación del Presupuesto General de 2017, el punto más vivo de la discusión es la modificación del proyecto presupuestario presentado por el Ejecutivo, a fin de adaptarlo a lo que son en realidad las disponibilidades y las obligaciones en el año que corre. Y aquí se ha dado el impase, hasta el punto que el partido ARENA ha suspendido su participación en las distintas mesas que tiene con el Gobierno y con el FMLN, por falta de cumplimiento de lo que se ha venido acordando, por parte de estos dos últimos. Eso está generando un nuevo estira y encoge, de resultados imprevisibles.

Y, como siempre, los calificativos y las descalificaciones no se hacen esperar, con lo cual se complican y dificultan aún más las cosas. Lo recomendable sería que las diferencias se pudieran tratar en forma bastante más reservada, para que la publicidad de las mismas no actuara como retranca reincidente, como ya es costumbre en el ambiente. Cada quien, desde luego, tiene el derecho irrenunciable a sostener sus posiciones; pero lo que se demanda, porque la realidad así lo determina, es que el manejo de las mismas se haga de la manera más serena y responsable que sea posible.

Ahora estamos ya en año preelectoral y tal situación se prolongará hasta los comicios presidenciales a inicios de 2019, por lo cual hay que prever que las relaciones interpartidarias se traumaticen cada vez más. Es entonces indispensable insistir en que se hagan verdaderos esfuerzos para asegurar gobernabilidad, aunque sea en lo básico.

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