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La puerta

Al TPS no lo mató el fantasma de Hugo Chávez; se murió de hambre nada más. Renovado en septiembre de 2016, vencía naturalmente en marzo de este año.
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Cristian Villalta / Gerente de El Gráfico

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Uno las ve en la fotografía y hasta advierte una sonrisa en la diputada Karina Sosa; a su colega Nidia Díaz, en cambio, la imagino algo contrariada. Eso de ponerse cínico no se le da igual a toda la gente.

Tampoco es para morirse: si la consigna era que ninguno de los parlamentarios oficiales se quedara callado luego de las noticias respecto al TPS, algo había que hacer; y ni siquiera la inviable propuesta de darle $1,500 dólares como capital semilla a cada uno de los retornados las hizo ver peor que el canciller Hugo Martínez o el presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén.

Al canciller y a su jefe les faltó apenas un gramito de iniciativa para declarar el 8 de enero como el Día Nacional de la Reunificación Familiar. Sus discursos de esa tarde fueron irrespetuosos para la inteligencia de la nación, mera jerga electorera, pretendiendo que el votante interpretara la extinción de los beneficios del TPS para casi 200,000 connacionales en 2019 como una victoria de la diplomacia.

El infame optimismo gubernamental fue la mal disimulada respuesta al oportunismo barato del principal opositor. Al otro lado del barrio político, las expresiones de muchos voceros de ARENA, incluido uno de sus precandidatos a la Presidencia, fueron infantiles, ligando la decisión estadounidense con la adhesión de los gobiernos del FMLN a la agenda de la Alianza Bolivariana, y más específico, con la lamentable participación del exministro de Obras Públicas, Gerson Martínez, en un evento que, seamos sinceros Gerson, parecía organizado por los primos soyapanecos de Osama bin Laden.

Al TPS no lo mató el fantasma de Hugo Chávez; se murió de hambre nada más. Renovado en septiembre de 2016, vencía naturalmente en marzo de este año; con la ascensión al poder de un hombre enemistado con los inmigrantes, ¿qué detuvo al FMLN para asociarse con otros países también interesados en estos beneficios, enfilar sus baterías diplomáticas y las de sus aliados en el Congreso y acercarse al Gobierno de los Estados Unidos de América desde enero del año pasado?

En lugar de comprometerse con brindar esas respuestas o de convocar a la nación a un análisis integral de la situación, solo quedó materia para el “gossip” electoral y para un ejercicio de descaro de parte de las dos facciones de la plutocracia que gobernó al país desde 2001 a la fecha. Gobierno y medio de ARENA, Gobierno y tres cuartos del FMLN, ambos son responsables de que nuestra política exterior en este siglo haya sido reactiva, cargada de una ideologización inútil, pensada de espaldas a los compatriotas migrantes.

Especialmente durante la administración de Antonio Saca, la vulnerabilidad migratoria de los connacionales fue usada como moneda de cambio y herramienta de cálculo electoral. Las fotos de Saca abrazándose con George W. Bush y su discurso que la renovación del TPS había sido posible merced a su “amistad” con el mandatario provocan tanta indignación hoy como en 2008. En aquel momento, el Estado gozaba de un indiscutido capital político en Washington, pero rehuyó buscar una solución permanente. Algo tuvieron que ver en ese desperdicio de oportunidad la incapacidad de liderazgo del último presidente arenero. Una lástima porque nuestra gente siempre debió ser nuestra respuesta, no nuestro problema.

Hoy, todos vuelan a Washington, a tocar una puerta que ya no existe.

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