La puerta del Reino

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Sociólogo y Prof. en TeologíaLa separación del hombre con Dios ha afectado su entendimiento espiritual. En otras palabras, la búsqueda de independencia del hombre ha atrofiado su capacidad de entenderse y comunicarse con Dios. Pablo lo expresa así: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (Rom. 2.14). La solución a esto inicia con el nuevo nacimiento, convirtiéndose así en la puerta de entrada al Reino de Dios.

El nuevo nacimiento, además de garantizarnos la vida eterna, nos permite volver a entender los propósitos de Dios para nosotros, nuestros hijos, nuestro país y toda la creación. El diálogo de Jesús con Nicodemo es esclarecedor para entender en qué consiste el nuevo nacimiento. Este sacerdote, de la secta farisea, decide venir a buscar a Jesús de noche, posiblemente por miedo al qué dirán, y le expresa que debido a las señales y milagros que hacía, no le queda duda que proviene del cielo. Jesús le responde: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios” (Jn. 3.2-3). Al no entender el significado espiritual de estas palabras, Nicodemo queda perturbado.

¿Qué significa nacer de nuevo? A sus 30 años, y con plena conciencia de lo que estaba realizando, Jesús fue el primero en nacer de nuevo al ser bautizado por Juan Bautista en el río Jordán. A través de este acto, Jesús estaba aceptando y cumpliendo con el plan que Dios había diseñado, mostrándonos ejemplo de obediencia y deseo de vivir sometido a su padre. El agua, símbolo de limpieza, representa la santidad de Dios, y nos recuerda la necesidad de purificación para entrar y disfrutar del Reino. La entrada y salida del agua simbolizan la renuncia a una vida según la carne, y la resurrección a una vida conforme al Espíritu.

Después del bautizo, Dios honra a Jesús ungiéndolo con el Espíritu Santo. Esta promesa había sido anunciada por los profetas del Antiguo Testamento: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días” (Joel 2.28-29). Con el sello del Espíritu Santo, Dios confirma que el nuevo nacimiento es la puerta de acceso a su Reino. Jesús por su parte, vuelve a nacer con la esperanza de vivir otra vez en el cielo, esperanza que se hace realidad con la resurrección.

Tanto el nuevo nacimiento como el Reino de Dios se disciernen espiritualmente, de ahí la necesidad de entrar en la dimensión de la Fe para entenderlos. Es por eso que Jesús culmina el diálogo con Nicodemo diciéndole: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu (Jn. 3.8). Confirmándole Jesús con ello que el nuevo nacimiento hace parte de una estrategia sobrenatural, la cual nos conduce al cielo, pero además nos da acceso al Reino de Dios en la tierra.

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