La realidad del salario “mínimo”

Recientemente el presidente Funes anunció un aumento del 10% al salario mínimo, para lo cual debe analizarse primero en el Consejo Nacional del Salario Mínimo. Y de aplicarse esta modificación significaría que las personas que laboran en las maquilas podrán ganar $6.88 al día y los que trabajan en el sector agropecuario específicamente los que recolectan el café $4.20 por día y así sucesivamente en cada sector.
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La propuesta viene a paliar las precarias condiciones en las que vive el promedio de salvadoreños que contribuyen con la productividad de esta nación, es obvio que no suple sus necesidades ni cubre los gastos de la canasta básica. Es únicamente una gota de agua en medio del desierto, que lo que produce es más sed. Digo lo anterior por el efecto multiplicador que ocasiona este tipo de medidas.

Ya que lo ideal sería que este beneficio llegue íntegramente a las miles de familias que acceden a un salario mínimo y que no se desencadene un aumento de precio en los productos de primera necesidad. Ya que la historia nos demuestra que siempre que hay un aumento al salario mínimo paralelamente se genera un aumento de precios ejecutado por algunos malos empresarios y por los acaparadores voraces de los distintos mercados populares.

De manera que la medicina viene a ser más cara que la enfermedad, dado que hay empresarios que no desarrollan la responsabilidad social empresarial y se les hace más fácil trasladar el aumento del salario al precio de sus productos. Evadiendo de esta forma su responsabilidad, sin embargo, también hay buenos empresarios que tienen por política no pagar al salario mínimo, sino hasta un 20% más.

Creo que el aumento del salario mínimo y sus componentes debería de llevar una conceptualización moderna y diferente que busque resguardar los derechos de los trabajadores de forma integral, para lo cual propongo que se implemente una mesa de trabajo con los distintos sectores productivos del país, organizada por el Ministerio de Trabajo, que tenga como punto de honor garantizar los derechos y deberes de los obreros y asalariados enmarcados en el Código de Trabajo.

Para evitar aquellos episodios en los que no se le traslada al empleado sus beneficios reales, ya que en ocasiones se les retiene parte de sus horas extras y no se les paga como lo define la ley, el cálculo de sus vacaciones no es el adecuado, los hacen trabajar ocho horas diarias en jornada nocturna y en tareas peligrosas e insalubres, cuando la ley señala que este tipo de jornada es de 36 horas semanales y seis horas diarias.

Trabajan en los días feriados y no les dan el día compensatorio, de igual forma lo hacen el fin de semana en tiempo extraordinario y el pago es ordinario. Como el caso de algunas compañías de seguridad que tienen a su cargo guardias privados, los hacen laborar hasta 36 horas corridas, pero se lo toman como jornada normal, a sabiendas de que el Código de Trabajo señala que después de las ocho horas en adelante son horas extras.

Si se lograra controlar esta conducta antipatriótica de algunos malos empresarios, cada salvadoreño obrero y asalariado estaría recibiendo mucho más que un salario mínimo y sería una poderosa inyección para la economía de aquellas familias que con dificultad están saliendo adelante.

De modo que no solo cometer el delito de violación es lesivo para la humanidad, sino también apropiarse de la mano de obra de manera indebida.

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