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La realidad global está crecientemente infectada por los virus de la violencia y eso es algo que a todos nos atañe

La globalización ha puesto en vigencia una realidad muy diferente a todas las anteriores, y por consiguiente hay que contar con el instrumental competente para darles tratamiento a los desafíos que trae consigo dicha realidad.
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En El Salvador padecemos desde hace ya bastante tiempo el trauma de la violencia encarnada principalmente en el accionar del crimen organizado. Este no es un fenómeno exclusivo de nuestro país, ya que al examinar el panorama global lo que resalta de inmediato es que la violencia circula por todas partes, aunque en cada lugar donde se manifiesta presente signos diferenciadores. Lo cierto es que esa violencia multiforme va ganando cada vez más relieve en un mundo que carga con grandes problemas por resolver, que al persistir en el tiempo desembocan con frecuencia en crisis inmanejables y explosivas.

Los actos de violencia extrema se suceden sin cesar por todas las latitudes, y eso lo que evidencia es que nos hallamos globalmente inmersos en un torbellino de irracionalidad descontrolada, en la que los extremismos políticos y los fanatismos religiosos tienen un rol determinante. Y lo que no se mira por ningún lado es la activación de mecanismos que tengan como objetivo contrarrestar este tipo de situaciones, que están haciéndonos sentir que, prácticamente en cualquier lugar del mapamundi, el fenómeno real de nuestros días se va pareciendo cada vez más a una tierra de nadie, en la que todas las contenciones parecen haberse difuminado.

Cada día se vuelve más imperativo que se active un humanismo de nuevo estilo, que responda a las necesidades de la coyuntura actual, pero no sólo para darle respuesta a lo que ahora está sucediendo sino para proyectarse positivamente hacia lo que puede venir en el futuro que está a las puertas. La globalización ha puesto en vigencia una realidad muy diferente a todas las anteriores, y por consiguiente hay que contar con el instrumental competente para darles tratamiento a los desafíos que trae consigo dicha realidad. El humanismo al que nos referimos debe servirles de fundamento a los enfoques y a los mecanismos que efectivamente sean capaces de hacerles frente a las acuciantes demandas del momento tan traumático que se vive.

Cuando la violencia se convierte en respuesta generalizada, como se va viendo en estos momentos por doquier, hay que redoblar la atención sobre lo que está manifestándose de fondo. De seguro lo que necesitamos, en clave global, es un replanteamiento de todos los enfoques sobre la realidad, porque ésta ha cambiado mucho más rápidamente de lo que se esperaba conforme a los criterios establecidos en el viejo orden. En tal sentido, lo que se impone como imperativo inesquivable es ponerse al día conforme a lo que el presente trae consigo. Y para ponerse al día hay que aplicar el análisis exhaustivo del acontecer general y hacer funcionar las estrategias destinadas a propiciar el nuevo orden, que debe ser al mismo tiempo de refundación y de intercomunicación.

Esta es una dinámica que por ahora ni siquiera está planteada en sus líneas básicas, y eso mantiene a la realidad a merced de los acontecimientos, que son cada vez más previsibles en el peor sentido del término. Urge impulsar esfuerzos que cuenten con toda la colaboración debida. En el mundo, como en nuestro país, el entendimiento es vital, y en tanto más pronto se ponga en acción mejores perspectivas habrá de superar los trastornos actuales y de iniciar un recorrido diferente.

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  • globalizacion
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  • fanatismos
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