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La reforma de pensiones se logró en el último minuto, y ojalá que el sistema se estabilice para beneficio de todos

Esperamos que, en todo caso, la experiencia de esta acelerada reforma sirva para que las distintas fuerzas nacionales puedan ir entrando de veras en una nueva y constructiva fase de entendimientos que sean a la vez oportunos y sustanciales.
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El tema de la reforma del sistema de pensiones viene estando en el candelero desde hace ya bastante tiempo, sobre todo por las dificultades cada vez mayores que ha tenido que enfrentar el Gobierno por la inoperancia de su manejo financiero, que al no ser enfrentada con la sinceridad y la responsabilidad requeridas viene haciendo estragos en toda la estructura gubernamental. Esto condujo, hace muy poco, a un peligroso impago de su obligación previsional, del cual el país entero carga con los deterioros de imagen tanto nacional como internacional. Y como no se hace nada significativo para poner en orden las finanzas públicas, en estos días había otro riesgo inminente de impago previsional, lo cual creó una presión irresistible para alcanzar algún tipo de reforma salvadora, aunque sea coyunturalmente.

Hubo varias propuestas reformistas, comenzando por la del Gobierno, enfocada desembozadamente en disminuir el monto de la obligación gubernamental y en habilitarle fuentes para que dicha obligación fuera más llevadera. Pero también estaban las propuestas de la ICP (Iniciativa Ciudadana para las Pensiones) y la de los partidos de oposición, más dirigidas hacia la salvaguarda de los cotizantes y de la ciudadanía en general. La urgencia se vio acelerada por el imperativo legal de presentar el Proyecto de Presupuesto General del Estado correspondiente a 2018 antes de que concluyera este mes de septiembre, y apalancada por la resolución de la Sala de lo Constitucional que declaró la inconstitucionalidad del Presupuesto de 2017 por estar notoriamente desfinanciado. Presentar el nuevo Presupuesto con los mismos vicios del anterior, como si la deuda previsional no existiera, sería un absurdo políticamente insostenible y legalmente condenado de antemano al fracaso.

La reforma lograda, si bien contiene disposiciones nuevas y actualizadas sobre el destino de los fondos que se recojan dentro del sistema, fue impulsada verdaderamente por la inminencia del impago si no se cancelaba a tiempo la deuda previsional. Y aunque traspasar dicho riesgo es positivo para el país, hay que recalcar el hecho de que lo que ahora se ha acordado no garantiza una estabilidad permanente, porque el problema real está en las bases del sistema, que adolece de deficiencias derivadas de que hay una gran cantidad de salvadoreños que no están dentro del mismo y de que lo que se va acumulando será cada vez más insuficiente para responder a las obligaciones por venir.

Esperamos que, en todo caso, la experiencia de esta acelerada reforma sirva para que las distintas fuerzas nacionales puedan ir entrando de veras en una nueva y constructiva fase de entendimientos que sean a la vez oportunos y sustanciales. Las cuestiones decisivas no pueden seguir siendo tratadas con el arrebato de la urgencia, porque entonces lo que tiende a prevalecer es la prisa de salir del paso, como se ha visto en estos días. Si los problemas se tratan en forma ordenada y en el tiempo debido es posible encontrarles vías de solución que operen para lo inmediato y para lo permanente.

Al tema previsional, que está hoy siendo cuestionado en muchas partes, hay que tenerlo bajo análisis en todo momento, para evitar llegar a situaciones de crisis, como ha sucedido entre nosotros. Esta, pues, es una tarea de responsabilidad nacional.

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