La región que viene

Quienes hemos trabajado en el proceso de la integración centroamericana, compartimos un sentimiento común: un amor vehemente por Centroamérica. Una pasión resucitada entre los escombros del retroceso causado por el voluntarismo burocrático. En lo personal, un sentimiento capaz de motivarme a dedicar parte de mi vida a cumplir el sueño morazánico.

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Nicolás E. Noyola Coautor de El País que viene

Nicolás E. Noyola Coautor de El País que viene

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La incertidumbre generada en los contextos económicos, sociales, culturales, ambientales y políticos nos motiva a comprometernos para que nuestros esfuerzos sean encaminados a la generación de ideas y oportunidades. Los problemas estructurales trascienden las fronteras de nuestros países. La seguridad, migración, vulnerabilidad ante el cambio climático son algunos ejemplos de la imposibilidad de abordar la realidad desde una visión únicamente nacional. Somos una región.

Creo firmemente que El Salvador no puede plantear su futuro individualmente, compartimos con Centroamérica no solo la historia sino muchos desafíos y oportunidades que no podrían aprovecharse de forma aislada. Es importante contribuir a una visión de futuro, unir nuestras raíces de nuevo y construir “la región que viene”.

La “región que viene” es la juventud centroamericana unida y comprometida por ver más allá de las diferencias, que reconoce la amalgama de su riqueza comprendida en 570,950 kilómetros cuadrados y 58.92 millones de habitantes. “La región que viene” es una comunidad económica, social, cultural y política, en una época donde pareciera que el individualismo le gana al sentimiento colectivo.

Debemos abandonar los discursos generalistas que expresan que los jóvenes estamos apáticos a los asuntos de la vida política, pues contrario a los discursos más paternalistas, hoy más que nunca, somos partícipes de la sociedad de la información y muchos de nosotros cultivamos sentimientos de indignación y de necesidad de cambio. Tenemos la urgente necesidad de apropiarnos de la agenda centroamericana, conquistar el mando y liderar los espacios de participación.

Son muchos los logros que pasan desapercibidos como resultado de las acciones de la integración centroamericana, que inciden en diversos ámbitos de nuestra vida cotidiana. La importancia de hablar de la región nos posiciona ante la incertidumbre de la globalización en un panorama más amplio para celebrar el camino recorrido y abordar los nuevos desafíos y oportunidades regionales.

La globalización nos hace trabajar en una plataforma multinivel (regional, nacional, local) para darle solución a las demandas de la realidad social. Según el Fondo de Población, de 1,812 millones de jóvenes que viven en el mundo, 11.47 millones vive en Centroamérica. Somos ese porcentaje que no solo debe de ser escuchado, sino convertirse en partícipe de la toma de decisiones. Es irracional toda decisión que se ha tomado a nuestras espaldas, convirtiéndose en la herencia —no deseada— de la actitud egoísta de las generaciones que nos anteceden. La historia nos ha enseñado que los jóvenes estamos ansiosos de participar en los cambios de la sociedad.

A estas etapas del partido nos queda reflexionar y preguntarnos: ¿hacia dónde queremos llevar la integración centroamericana? ¿Estamos demandándole a nuestros Estados y al SICA los beneficios de la integración centroamericana? ¿Conocemos y comprendemos las decisiones que se han tomado a 26 años de la firma del Protocolo de Tegucigalpa y a 30 años de la firma de los Acuerdos de Esquipulas? Estas son algunas de las reflexiones que deseo nos lleven al inicio de un debate abierto, sincero y decidido por Centroamérica.

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