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La reinserción es tarea difícil

Con tristeza he observado los reportajes que reflejan el esfuerzo vano, de los que han expuesto la tregua salvadoreña ante organismos internacionales. Colijo, según leo entre líneas, el Gobierno ha ido a decir: “No solo hemos fracasado en el combate a la delincuencia, sino que son tan fuertes que hemos tenido que negociar con ellos; ahora venimos a pedirles ayuda, porque no podemos cumplir lo que hemos prometido”.
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Para mí, cuando algo se da abruptamente, provoca que lo siguiente sea una actuación sin planificación y por ende conlleva a pedir limosna, porque eso es realmente lo que estamos haciendo, pidiendo que nos den un dinero sobre algo que es nuestro problema. Aún no entiendo por qué la comitiva fue tan numerosa. Bastaba al señor ministro y una persona delegada más. Lo que enseñamos con eso fue que teníamos la capacidad de malgastar el erario nacional, porque lo que se fue a decir es: “No tenemos dinero para cumplir con el proyecto de la tregua, mas nuestra comitiva sí puede venir toda junta”. No, señores, para decirle a papá que no hay “fondos” para un plan nuevo basta con poner cara de inocente y vestirnos humildes, eso funciona desde siempre.

Me pregunto ¿cómo vamos a incorporar a las víctimas? A esas personas que sufrieron el embate de la delincuencia, a aquellos que no solo perdieron al ser querido, sino que también mancillaron a ese ser amado. ¿Qué se va a hacer con esa cicatriz eterna? O es que simplemente ellos deben ser fuertes por el país; creo fervientemente que las víctimas son salvadoreños tanto como los hechores; son ciudadanos quienes no pidieron ser parte de la barbarie que vivimos. A ellos hay que atenderlos porque es necesario que su trauma sea atendido por facultativos, capaces y con experiencia.

Quiero aclararle al comité que fue a Estados Unidos a pedir ayuda que a esos lugares que fueron, seguro es que les han debido presentar los planes de cuido e incorporación de la víctima a la sociedad y de eso no han hablado para nada. ¿Por qué? ¿Por qué no hablamos de la víctima? Déjenme decirles que el salvadoreño actual no es el de la época de la guerra, aquel que por necesidad se sacudía el polvo, después de haber estado tendido en el suelo, ya sea por el fuego cruzado o por la explosión de la bomba, continuando con su caminar, al estudio o al trabajo.

Ya no más, todos somos salvadoreños y necesitamos que se nos trate por igual, al que ha delinquido denle un internamiento en el que sea tratado con dignidad, que aprenda oficio, que siga leyendo, que coma dignamente, ellos no son animales; que sus familiares no sean tratados como animales, para registrar sin tocar hay suficientes aparatos cuya tecnología no está por las nubes, ni en precio ni en obtención. Que la víctima vaya a terapia y que comprenda aunque no pueda perdonar; asimismo el agente policial debe tomar clases o sesiones que le permitan mantenerse en el trabajo y muchas otras cosas, en armonía.

Me pueden decir que para eso están los equipos multidisciplinarios de Medicina Legal o los tribunales, pero ellos ya tienen mucho trabajo y no dan abasto para este descomunal proyecto. Ya basta que la sociedad sufra. Páguenles bien a los policías, para que no estén tentados a corromperse. Autoridades, a ustedes les digo, seamos buenos aunque sea por negocio.

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