La rendición de cuentas, factor clave a la hora de planificar el año escolar

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Ricardo Bracamonte / Máster en Evaluación y Política Educativa

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Máster en Evaluación y Política EducativaSe puede pedir la rendición de cuentas a la dirección de una escuela en su situación curricular, financiera, mejoras a la infraestructura, entrega de uniformes, paquete escolar y alimentación de los estudiantes; por ejemplo.

Así lo definió en octubre de 2012 el entonces ministro de Educación, Hato Hasbún, cuando, a través de una normativa para los 5,172 centros escolares a nivel nacional, indicó que debían iniciar las audiencias públicas de rendición de cuentas, con el propósito de acercar la gestión educativa a las comunidades y someterse al escrutinio ciudadano. Algunos padres de familia se muestran satisfechos por este proceso que, con sus altas y bajas, se realiza entre octubre y noviembre de cada año.

Sin embargo, quiero referirme a la rendición de cuentas del docente de aula sobre la situación de cada estudiante; no tanto como normativa que debe cumplirse, sino como elemento sustancial de motivación interna presente desde el enfoque, planificación, desarrollo, evaluación y retroalimentación de los temas que desarrolla diariamente.

Conozco un centro escolar en donde los docentes preparan, desde el inicio del año, listas de cotejo y otros controles que ofrecen indicadores del crecimiento mensual de cada estudiante en las diferentes asignaturas y en su formación integral, entendida esta según los cuatro pilares básicos de la educación planteados por Jaques Delors en su libro “La Educación encierra un tesoro”: Aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir con los demás y aprender a ser.

Llaman a los padres de familia y conversan sobre el avance de sus hijos o sobre las ayudas que desde la casa se puedan aportar. Estos docentes aseguran que se mejora mucho la relación con los diferentes actores de la escuela y que hay una satisfacción profesional al tener información clara y concreta del avance semanal y mensual de los estudiantes.

La rendición de cuentas no debe esperar el fin de año escolar en donde apresuradamente adornamos un espacio, alquilamos sillas, preparamos horchata, regalamos pan y damos un discurso; sino un sujeto protagónico que rige el actuar cotidiano. La rendición de cuentas debe ser una especie de ente omnipresente que nos permitirá incluso ir retroalimentando y mejorando nuestro trabajo.

A la hora de planificar el trabajo del año, la rendición de cuentas debe ser una brújula importante para cada docente; además, vista desde un ámbito más amplio, estimula la democracia interna en el aula.

Si rendimos cuenta como se debe, quizás ganemos mucho en sinceridad en cuanto a nuestra función como servidores públicos, quizás seamos un mejor ejemplo para los estudiantes y seguramente podremos caminar orgullosos con la frente en alto como verdaderos profesionales de la educación.

Es cierto que la rendición de cuentas debe considerarse como un proceso en el que los ciudadanos vigilan y evalúan el actuar de los servidores públicos por medio de mecanismos como la transparencia y la fiscalización; pero los docentes podemos iniciar un enfoque complementario: entender la rendición de cuentas como una herramienta que nos estimule internamente a ser cada vez más efectivos y eficientes en el desempeño de la función que nos corresponde y que, al mismo tiempo, nos acostumbre a mostrar indicadores del rendimiento de nuestros estudiantes.

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