La retórica de nuestra clase política...

La retórica es el conjunto de reglas o principios que se refieren al arte de hablar o escribir de forma correcta, es decir, la configuración del discurso con lógica (invenio, dispositio, exordio, argumentación, peroración, elocutio, compositio, etcétera); dicho de otro modo, es el uso coherente del lenguaje y la comunicación.
Enlace copiado
Óscar Picardo Joao / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Óscar Picardo Joao / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Enlace copiado

Sabemos que no podemos exigir a nuestra clase política que sean unos eruditos del lenguaje ni unos semiólogos, no obstante para ostentar cargos públicos deberían, al menos, cuidar y pensar lo que dicen y cómo lo dicen (conectar un poco el cerebro con la lengua...) y esto es simplemente una cuestión cartesiana de “tiempo”: pienso, luego hablo.

En un contexto permanente de campaña y antagonismo ideológico será muy común que se saquen de contexto muchas frases, o bien, que se acentúen o minimicen ideas de un discurso; estas prácticas exigen un mayor cuidado de parte de los políticos. Por otro lado, los memes en las redes sociales amplifican los errores, dejando al descubierto la limitada alfabetización o la pobre cultura de los candidatos, funcionarios u otros actores del Estado. La mayoría de políticos buscando quedar bien con la audiencia afirman cualquier tipo de yerro o gazapo. Otros ni siquiera saben leer bien –menos cifras–. Ni hablar de lo más típico en las conversaciones llanas sobre “incorrecciones lingüísticas” (RAE): “haiga”, “más que nada”, “mandatar”, “pienso de que”, “hubieron”, “bajar para abajo”, “subir para arriba”, “funcionario público”, “lo vi con mis propios ojos”, “respeto respetuoso”, entre muchos otros...

No nos imaginamos cómo hacen para redactar cuerpos legales, decretos, convenios y otros documentos vinculados a políticas públicas (por eso necesitan muchísimos asesores) y posiblemente, por esta razón, una considerable cantidad de leyes tienen vacíos o son inaplicables. Insisto, deberían tomar un curso de lógica para, al menos, distinguir juicios, raciocinios y silogismos... Ya está bueno de sesgos cognitivos –conscientes e inconscientes.

El ser funcionario implica una función pedagógica con su discurso –el político es parte de la sociedad educadora–, sus palabras deberían ser orientadoras para la audiencia, pero en nuestro medio son realmente una entropía, refuerzan errores que la gente asume y repite cuando habla.

Finalmente, los ciudadanos –y sobre todo la academia– tenemos la obligación ética de fortalecer nuestro aparato epistemológico frente a la ideologización y a los lapsus de la clase política. No solo dudar del discurso, sino también investigar y denunciar los errores, manipulaciones y otros fenómenos asociados al lenguaje –comunicación tóxica–. Y es que no solo se equivocan, también nos mienten, no cumplen sus promesas, roban, legitiman e institucionalizan los delitos, y por si fuera poco cuentan con fuero, privilegios y sus delitos prescriben (el poder perverso de la palabra).

Todos cometemos erratas, definitivamente, pero la clase política debe hacer un esfuerzo para que sea la excepción y no la norma.

Lee también

Comentarios