La riqueza de las naciones

Adam Smith señalaba: “No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados”. Tres siglos después de aquella afirmación, ¿qué es lo que está faltando en muchas naciones para aprovechar verdaderamente sus riquezas? El padre del capitalismo propuso la división del trabajo basada en la especialización como un factor determinante para la competitividad.
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Examinando a países con potencial económico como lo son aquellos que poseen riquezas naturales o producen petróleo, el promedio de crecimiento anual de estos ha sido de un 9 por ciento entre 2001 y 2010. Ello, debido a que los sectores económicos relevantes como el energético o el minero comenzaron a beneficiarse del modelo de economía mixta de mercado.

David Ricardo, con su teoría sobre ventajas comparativas, indicaba que no importa la capacidad absoluta para producir bienes, sino hacerlo a menor costo. ¿Cómo realizarlo sin innovación? ¿Cómo hacerlo sin la inversión en el talento humano?

Las compañías transnacionales de nuestro continente como la colombiana Ecopetrol o la brasileña Petrobrás han suscrito alianzas con instituciones educativas para la evolución de sus cuadros directivos, a partir de mejores competencias administrativas, humanas y técnicas. En 2010, la aplicación de 22 soluciones tecnológicas desarrolladas en conjunto permitió que obtuvieran beneficios por alrededor de 1.7 billones de dólares contra una inversión de 127.07 millones. En contraste, la ley de los rendimientos decrecientes muestra que se puede llegar a un punto en donde se necesitará aumentar la inversión solo para mantener el mismo nivel de producción —teniendo bienes cada vez más caros– tal y como sucede en el sector petrolero; las necesidades energéticas irán en aumento y los yacimientos conllevan mayor complejidad para explotarlos. Se puede introducir la tecnología como factor para contrarrestarlo, pero mientras eso sucede vemos con frustración y preocupación cómo los altos precios del crudo impactan decididamente las economías vulnerables como la nuestra, sin que se tenga aún métodos confiables y seguros alternos que abaraten los efectos negativos que el precio encarecido del petróleo trae como consecuencia.

De nada sirven mayores avances científicos y tecnológicos si no se cuenta con cuadros de profesionistas con conocimiento y experiencia en las tecnologías más avanzadas que sean capaces de crear nuevos conocimientos para la alternancia de recursos más eficientes y baratos.

Joseph Stiglitz señaló como causas de crecimiento: la inversión, mayor eficiencia en la asignación de recursos, la capacitación de la población y cambio tecnológico. El desafío reside en ver que la mayor riqueza de las naciones no está solo en sus recursos materiales sino en sus habitantes. Hay que invertir en educación, porque un pueblo culto es un pueblo desarrollado; un pueblo desarrollado es un pueblo sabio; cuando se está a la vanguardia del saber, eso se traduce en una población plena y realizada.

En El Salvador, el gobierno que administre la cosa pública dentro de un par de años debe tener claro que sin verdadera inversión en capital humano de la mano de la tecnología de la información y el conocimiento poco se podrá aportar para superar los grandes rezagos sociales y económicos de la población, de cara a mejorar el desarrollo integral de los salvadoreños.

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