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La satanización del tripartismo

Como si el país no tuviera lo suficiente con la pésima gestión económica, la corrupción generalizada, la pobreza en aumento y la delincuencia desbordada, el gobierno pretende aumentar su participación en el valor agregado nacional, fomentando la desobediencia social, blindando a supuestos delincuentes, intentando apropiarse del ahorro de los trabajadores y atropellando la institucionalidad.
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En el plano internacional, se pliega a un dictador repudiado por la comunidad civilizada de naciones, implora ayuda pero despotrica contra sus benefactores, está desarmado frente al tema migratorio y, para colmo de males, viola compromisos internacionales.

En este último aspecto, sobresale la figura del “tripartismo”. Como se sabe, esta quedó codificada con la fundación de la OIT en 1919, siendo El Salvador uno de los primeros adherentes. En muchos sentidos es considerada como la razón de ser de dicho organismo, donde convergen los gobiernos, los empleadores y los trabajadores para promover la concertación y la búsqueda de entendimientos en beneficio de toda la sociedad. Y, con la globalización, se ha convertido en un factor fundamental para conciliar los imperativos de la justicia social con la competitividad de las empresas y el desarrollo económico.

Sin embargo, pareciera que en el país el tripartismo va en caída libre. De hecho, en los gobiernos del FMLN se ha convertido en el blanco preferido para promover la lucha permanente entre el capital y el trabajo que preconizaba Marx, 150 años atrás. De la estrategia para satanizar una figura que, en la mayoría de países civilizados, propicia el diálogo social y la convivencia armoniosa, hay suficiente evidencia documentada.

La primera emerge con el gobierno de Funes. Al margen de las diatribas constantes contra el sector privado, el gobernante promovió y sancionó la reforma de 19 leyes de igual número de entes autónomas, cuyos cuerpos directivos lo conforman representantes nombrados directamente por los antes mencionados. Ciertamente no se excluyó la participación del sector empleador per se, pero con esas reformas abusivamente se abrogaba el derecho de decidir, dentro de las propuestas de la empresa privada, quién sería la persona que la representaría en cada entidad. Como producto de varias demandas interpuestas ante la Sala de lo Constitucional, se le puso freno a ese exceso.

Dando un salto en el tiempo, ya en la presente administración se dio el manejo arbitrario de la elección de los miembros del Consejo Nacional del Salario Mínimo. Esta maniobra, gestada impunemente desde el Ministerio de Trabajo, no tenía otra intención que llevar a dicha instancia a personas del sector laboral afines al gobierno y, más grave aún, debilitar la participación del sector privado en la última fijación del salario mínimo. El resultado: varias empresas emigraron a países vecinos, debido al incremento excesivo de este último. Y el zarpazo más reciente se tiene en la elección de dos comisionados del Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP), cuyo destino está en manos de la Sala de lo Constitucional, por la forma nuevamente viciada con que se está tratando de menoscabar la participación de la empresa privada en esta instancia colegiada.

En este breve recorrido, que recoge solo algunas de las jugarretas del presente y el anterior gobierno para acorralar y descalificar al sector privado, no puede omitirse el manoseo del que ha sido objeto el Consejo Superior del Trabajo –que sustituyó al Foro para la Concertación Económica y Social, producto del Acuerdo de Paz– como instancia permanente para promover el entendimiento entre los tres sectores. Tres años sin reuniones no lo desacreditan, solo evidencian el desprecio gubernamental por la armonía social. Pero si de debilitar al sector privado organizado se trata, solo basta recordar el intento del gobierno –fallido por lo demás– de manipular la elección del Comité Ejecutivo de la ANEP. Por todo esto y más, El Salvador fue incluido en 2015 en la “lista negra” de 24 naciones (sin faltar Venezuela) por violar sistemáticamente convenios de la OIT. Con todo, no olvidemos el llamado: “Unámonos para crecer”.
 

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