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La semana 70 y el protagonismo de la Iglesia

Alrededor del año 532 a. C. una coalición conformada por medos y persas toma el poder en Babilonia. El profeta Daniel, inquieto por el futuro de su pueblo y leyendo los escritos del profeta Jeremías, descubre que los 70 años de cautividad que el Señor había estipulado para Israel habían terminado, y la posibilidad de retorno a Jerusalén había llegado.

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Rafael Mejía Scaffini

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Daniel se humilla y ora al Señor, en su oración resalta su angustia y desesperanza pues constata que a pesar de los 70 años de cautiverio, el pueblo seguía en rebelión. Se confirma así que no es el castigo lo que transforma al hombre, sino el perdón y amor de Dios en Jesucristo. Es por ello que después de reconocer sus pecados y los de su pueblo, hace referencia al pacto y misericordia de Dios.

 

La respuesta llega a la hora del sacrificio, al final de la tarde, con ello El Señor confirmaba la necesidad del sacrificio de su hijo para la transformación de su pueblo: “Aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde. Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento” (Dan. 9.21-22).

 

La revelación establecía: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas” (Dan. 9.24-25b).

 

Es importante entender que el término “Shabua” que se traduce por semanas en este texto significa literalmente “períodos de siete”. Y que la orden de reconstruir Jerusalén fue emitida por el rey Artajerjes alrededor del año 450 a. C. Entonces si convertimos los 69 “períodos de siete” a años, tenemos: (69*7 = 483 años), luego se le suman al año del decreto: (-450 + 483 = llegamos al año 33), esto coincide con el tiempo de crucifixión y resurrección de Cristo.

 

Sin embargo falta el último período de 7 o semana 70: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana cesa el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación” (Apoc. 9. 26-27).

 

Muchos remiten este último período al final de los tiempos, argumentando que se establece un paréntesis profético para Israel, e identifican al desolador con el “anticristo”. Sin embargo, con la resurrección de Cristo, pareciera que se cumplen los eventos profetizados: Los creyentes podemos establecer un pacto de salvación con Dios en Jesucristo, el sacrificio de animales ya no tiene sentido pues lo sustituye el sacrificio de Cristo, la llegada del desolador podría haberse cumplido con Tito Vespasiano, comandante de las tropas romanas que destruyeron Jerusalén en el año 70 d. C. Si esto es así, la Iglesia de Cristo debería ser la mayor protagonista de los eventos actuales y futuros.

 

 

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