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La sociedad civil despertó sin marcha atrás

“La sociedad civil despertó sin marcha atrás para defender sus derechos. El detonador fue la miopía y arrogancia de la partidocracia hoy liderada por el FMLN-GANA en reacción a acertadas sentencias de la Sala de lo Constitucional, que increíblemente aún se niegan a acatar.”
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Con frecuencia se usa incorrectamente “el conflicto entre Órganos del Estado” cuando la Asamblea no acata una sentencia de la Sala de lo Constitucional, cuando estos diputados que serán recordados malamente emiten decretos claramente inconstitucionales, o cuando cometieron una grosería más penosa que de tercer mundo al tomarse por la fuerza con el sindicato y francotiradores en las azoteas de edificios aledaños el edificio de la Corte Suprema de Justicia, para “imponer” a un presidente de su preferencia que no llenaba los requisitos, tres diputados dejando su imagen para la posteridad, levantando su brazo en una tarima “elevándolo” a su cargo, un circo feo, irrespetuoso para el país, para la ley, para la institucionalidad del país y ellos mismos.

Esa rebeldía de la Asamblea y su resistencia a cumplir la ley no tiene nada de conflicto entre Órganos del Estado, es una oposición manifiesta a “hacer valer su ley” con propósitos más oscuros que la simple rebeldía, encabezada por la sociedad FMLN-GANA, seguida sin chistar por los otros diputados, por las razones que usted quiera imaginarse.

Esta situación que vivimos se da a partir de que por primera vez en nuestra historia la Sala de lo Constitucional, mejor dicho cuatro de sus magistrados, decidieron hacer su trabajo de jueces del máximo tribunal honestamente, en apego a derecho, sin subordinación al poder económico ni al poder político, este último ha estado representado cada vez más por el presidente de la República a quien ha seguido fielmente la Asamblea.

El anterior presidente, Elías Antonio Saca, presumía con razón, de tener más poder que ningún otro presidente desde que el Ejército quedó fuera de la política gracias a los Acuerdos de Paz. Él dominaba absolutamente la Asamblea, su partido, la Corte Suprema, la Corte de Cuentas, etcétera.

La degeneración a la que llegó la independencia de poderes, desaparecida totalmente, el balance entre Órganos del Estado para el funcionamiento efectivo de la democracia representativa era una vergüenza.

¿Sería esa una razón para impulsar a que ciudadanos honestos se decidieran a actuar correctamente, sabiendo la montaña de problemas y resistencias a que se enfrentarían? Probablemente sí. Ellos no formaron parte, que se sepa, de ningún colectivo que estudiara la funesta situación y conspirara para recuperar la decencia. Más parece que fue combustión espontánea, cuatro hombres decentes, muy sólidos en sus principios y profundamente conocedores de la Constitución llegaron al puesto y decidieron hacer bien su trabajo, probablemente sin imaginar el impacto que tendrían en el país.

Sin duda los diputados al elegirlos, como tenían calificaciones de gente de izquierda y prestigio, no se imaginaron que tuvieran la valentía de cambiar el statu quo tan sólidamente establecido, que no engavetarían los casos molestos, no aumentarían la mora judicial, darían fallos valientes sin temor de perjudicar intereses poderosos de todos los sectores y mucho menos, que fallarían contra la todopoderosa partidocracia, la Presidencia, la Asamblea y los poderes fácticos, de otra forma no los habrían elegido. Las cosas no suceden por gusto, era el turno de la ciudadanía.

Cuando se dieron las primeras sentencias que afectaron el poder de la partidocracia, el grupo de políticos que parte el queso no tuvo la visión de hacer lo correcto y ganarse a la ciudadanía. Por el contrario, con un tanto de ceguera y mucha soberbia, decidieron desobedecer a la fuerza y feamente.

Ni ellos ni los magistrados correctos tuvieron, en las primeras de cambio, idea de lo profundo que esto llegaría a la sociedad civil y su reacción fuerte, organizada y veloz, unidos jóvenes, mayores, izquierdas, derechas y todos. Despertó el coloso y tuvieron que retroceder varias veces. Ese coloso está vivo y vigilante, parece que cambió irreversiblemente aquella forma de hacer política.

La sociedad civil despertó como parte de la evolución democrática, sin marcha atrás.

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