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La sociedad pierde “valores”

No es de señalar a nadie, sino de comenzar a reflexionar “cómo desterrar” estos malos hábitos de corrupción, impunidad, abuso de poder y mentir descaradamente, porque nos hacen perder valor como sociedad, y así El Salvador no avanza: “retrocede”.
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Hay una corriente mundial de rechazo a la corrupción, a las malas prácticas políticas, abuso de poder, uso indebido de fondos públicos y hacia las actitudes populistas. En Latinoamérica, recientemente, varios gobiernos han sido cambiados mediante elecciones, otros han visto mermado su caudal político y las ambiciones de “perpetuarse” en el poder han sido derrotadas. Y el caso de Brasil es estremecedor porque hay dos presidentes acusados de actos corruptos, al que se suma el de Argentina.

También en El Salvador se vive una corriente similar, donde la sociedad civil está jugando un papel determinante, así como miles de personas que mueven la opinión pública por medio del teléfono celular. Es la revolución de las comunicaciones, que abre espacios para señalar la corrupción, la impunidad y los abusos de poder. Entre ellos, viven los troles, que desde el anonimato también crean acciones corruptas, porque mentir, engañar, es un acto deshonesto. Pero ese es el riesgo de la libertad, donde la mentira se puede adelantar, pero siempre la verdad la alcanza.

Por otro lado está el papel de los medios de comunicación, donde la “madera” de un periódico o el avance de un noticiero de radio o TV denunciando actos indebidos los odian los corruptos, porque los desenmascaran y dejan desnudos.

En el fondo de todo esto, la gente cada vez tiene mayor conciencia política, no necesariamente ideológica, y no calla sus demandas por encontrar la verdad, para castigar a los culpables. Eso sí, que también muchas veces se producen linchamientos públicos, donde el daño puede llegar a ser irreparable. Es el riesgo de la libertad.

¿Qué vemos en El Salvador como sociedad? Si bien la corrupción e impunidad siempre ha existido en la humanidad, pareciera que hoy nadie se asusta que lo identifiquen y señalen como una persona que ha cometido actos indebidos. Llegamos al descaro de pasar de ser una persona de pocos recursos a un millonario, donde esto no se guarda como el secreto de una vergüenza, sino que hacen ostentación comprando terrenos, casas, carros y gozando de un buen vivir descaradamente.

Autoridades con amantes mantenidas con recursos públicos, nepotismo, convertir el Gobierno en un botín al servicio de la partidocracia, viajes sin explicación van minando peligrosamente la confianza en el sistema. Además, si los viajes presidenciales sumaron “más de seis meses, consecutivos o no”, y el vicepresidente ejerció el cargo de presidente de la República, no estaba habilitado para ser candidato ni menos presidente. Que no esté la información solo crea dudas e incertidumbre, ¿tendremos un gobierno “ilegítimo o no?

El colmo es que ha habido pactos con grupos delincuenciales y se niegan y reniegan, pero pasado el tiempo van quedando al descubierto. Negociar prebendas a cambio de favores políticos, que fueron determinantes en el resultado de la elección presidencial, es altamente preocupante, y pone en tela de juicio la legitimidad de un gobierno. A esta altura, es solo recordar que esto se denunció en su debido momento y nada se hizo.

En ambos casos, ya ha pasado mucha agua bajo el puente, es solo cosa de prevenir para que nunca más suceda, y de develarse esto como cierto, que solo quede registrado en la historia como un fraude a la democracia.

En Brasil fueron enjuiciados varios políticos por el escándalo del “mensalao” o “mensualidad”, refiriéndose al pago a algunos parlamentarios por el apoyo a las leyes o reformas del gobierno de Lula. Acá, en El Salvador, nunca se ha investigado, pero que podría haber casos similares, los hay. Esto hace recordar el dicho: “yo no creo que hay brujos (corruptos), pero que los hay los hay”.

¿Cómo perderle miedo y no rechazar una CICIES independiente, que sea complemento y sirva de apoyo en las investigaciones de la Fiscalía General de la República, nada sobre la institucionalidad del país? Esto lo demandan 9 de cada 10 salvadoreños. Entonces, comparar esta propuesta con “golpe de Estado” no tiene sentido. ¿Será temor o conveniencia?, esa es la cuestión.

No es de señalar a nadie, sino de comenzar a reflexionar “cómo desterrar” estos malos hábitos de corrupción, impunidad, abuso de poder y mentir descaradamente, porque así la sociedad pierde valor y, por tanto, El Salvador no avanza: “retrocede”.

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