La sostenibilidad fiscal es básica para asegurar desarrollo

Estamos, pues, en el mundo al revés, y lo más preocupante es que nadie parece darse por entendido: siguen privando los pequeños intereses y los grandes caprichos.
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<p>&nbsp;</p><p>Las finanzas del Estado vienen estando en situación comprometida desde hace ya bastante tiempo. Dos factores están en la base de tal situación, que se vuelve cada vez más obstructora del desarrollo nacional en todos los órdenes: la falta sostenida de un crecimiento económico suficiente y la ausencia de una planificación integral que ordene de modo sistemático las acciones e inversiones del sector público. Desde siempre, vivimos al día; y al no contar con perspectivas que nos permitan visualizar el futuro, aun el inmediato, estamos, como país, expuestos constantemente a los vaivenes y a los bandazos de la improvisación, con todas las limitaciones y extravíos que esto trae consigo. </p><p> El Estado necesita fondos, y ya no sólo para desarrollar sus distintos proyectos de gestión, sino para financiar los gastos corrientes. Es decir, estamos ya en los límites del alto riesgo, y sin fuentes disponibles de las que echar mano para mantenernos a flote a la espera de tiempos mejores. Como se sabe sin necesidad de comprobaciones adicionales, el que no ahorra —sea individuo o colectividad— se prepara para la inseguridad total; y el que gasta más de lo que recibe va en la ruta del desastre. En ésas estamos en nuestro país, y de no hacer de inmediato correcciones pertinentes, lo que nos espera puede ser cada día más crítico.</p><p>Un estudio reciente del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales sugiere que, dadas las condiciones deficitarias en que se encuentran las finanzas estatales ya en forma crónica, habría que empeñarse responsablemente en avanzar hacia un pacto fiscal, en el que participen los sectores gubernamentales, los sectores empresariales y los sectores sociales. La idea, desde luego, no es nueva. Viene rodando desde hace tiempos, sin que haya habido metodología que la viabilice, como pasa con tantas iniciativas importantes en el país. Somos expertos en dejar las cosas para mañana, como pasa por ejemplo con la ley de partidos políticos y con la concesión del Puerto de La Unión. </p><p> El problema hoy es que se necesitan más recursos precisamente cuando hay menos de dónde sacarlos. En realidad, la única vía sostenible y saludable para aumentar los ingresos públicos es el crecimiento económico, porque de poco sirve seguir exprimiendo el limón que ya ha sido exprimido. Y, para colmo de males, el absurdo enfrentamiento entre la cúpula del Ejecutivo y la cúpula empresarial envenena más la atmósfera nacional. Se dice que persisten muchos desagües de privilegio que merman la recaudación fiscal, y periódicamente se oye que hay esfuerzos para evitar la evasión y la elusión; pero parece que lo que por ahí pueda lograrse nunca será bastante.</p><p> Es evidente hasta la saciedad que todas las formas de mejoramiento tanto del estado de la economía como de la situación fiscal pasan por una palabra clave: entendimientos. Nos movemos en tiempos difíciles, y el futuro inmediato no da muchas esperanzas. Eso tendría que mover voluntades, en vez de producir el efecto contrario. Estamos, pues, en el mundo al revés, y lo más preocupante es que nadie parece darse por entendido: siguen privando los pequeños intereses y los grandes caprichos. Entretanto, la erosión continúa, a costa de la estabilidad nacional y de las posibilidades de mejoría sustancial de las condiciones de vida. </p><p> Es hora de que todos nos dispongamos a poner lo que a cada uno le corresponde en función de darle al país la sostenibilidad que necesita en todos los órdenes. Esta, por supuesto, no es tarea exclusivamente política, pero la política y los políticos son los primeros llamados a dar el buen ejemplo. </p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>

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